Globos que no son globos

- 11 de enero de 2018 - 00:00

Se ha dicho varias veces que la ceremonia de entrega de los Globos de Oro es bien diferente a la del Óscar. Menos oropeles, menos números musicales, más palo y a la bolsa con los anuncios de nominados (simplemente se enfoca a cada personaje, sin clips de la película o serie). Pero ya varias semanas antes estaba claro que esta edición iba a ser especial, y no solo por clavar un número significativo como el 75.

El castillo de poder que empezó a derrumbarse con las primeras revelaciones sobre Harvey Weinstein, la potencia del movimiento #MeToo y la asociación Time’s Up fueron dándole forma a un clima que marca un profundo cambio de época para la industria del cine y la televisión.

Si algo dejaron en claro los y las oradoras de los premios de la prensa extranjera es que ya no hay más margen para el silencio. Actrices como Nicole Kidman, Reese Witherspoon o Laura Dern celebraron específicamente la valentía de las mujeres que al fin pudieron romper el cerco y hablar, y con ello buscaron dar coraje a todas. Varias demostraron que no alcanzará solo con gestos esperanzadores, que hay mucho por hacer.

Oprah Winfrey, una institución de mármol para la industria del entretenimiento, aprovechó su premio Cecil B. de Mille para pronunciar un discurso para la historia, que encendió los ánimos, que levantó a todo el auditorio para una ovación de pie y que provocó que unos cuantos lanzaran la frase “Oprah for President”. Y no era un chiste de ocasión.

Quedó claro desde la primera frase de Seth Meyers: difícilmente en otros tiempos de Hollywood el presentador podría haber arrancado la transmisión celebrando que “la marihuana al fin está permitida, y el acoso sexual al fin no está permitido”.

La mugre está a la luz. Los tiempos están cambiando. Aunque por aquí abajo en los días previos se comprobaran otra vez frases patriarcales y fascistas relacionadas con los abusos, el aborto legal y las formas de activismo. Aunque, al mismísimo día siguiente de un gesto histórico de defensa de los derechos de la mujer, un cantante argentino vuelva a decir en televisión barbaridades como: “Si la violación es inevitable, relájate y goza”. Aquí también hay mucho por hacer. (O)

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