Frente al capitalismo salvaje, el socialismo (V)

- 01 de abril de 2015 - 00:00

Junto a las bases doctrinarias de solidaridad, equidad, justicia social, el trabajo humano sobre el capital, propiedad y administración estatal de los recursos económicos fundamentales, internacionalismo solidario por la paz y desarrollo, el proyecto socialista para el Ecuador debe integrar, entre otros, los siguientes elementos:

Consolidar el proceso de recuperación y defensa de la soberanía nacional (principio inclaudicable) y redefinir las políticas de seguridad externa, con las Fuerzas Armadas contribuyendo al desarrollo; Construir el Estado democrático, plurinacional, intercultural, laico, por el que Eloy Alfaro soñó y luchó; lo que implica recuperar y elevar lo público, consolidar la planificación y afianzar la descentralización y autonomías; Defender los derechos, expandir las libertades y aplicar con firmeza nuevas políticas redistributivas; Desarrollar una política cultural amplia y diversa, en la línea de recuperar y preservar los valores nacionales; que las mujeres y hombres libres se formen con los más elevados estándares educativos, altos niveles de conciencia y solidaridad; Tener como noción de desarrollo la consecución del Buen Vivir para el pueblo (progreso social), sustentado en el nuevo modelo productivo, en armonía con la naturaleza y el medio ambiente, igualdad de género y respeto a las culturas autóctonas; Organizar, conforme lo establece la Constitución, el Sistema Económico Social Solidario, que creo debe estar manejado por un ministerio específico, asumir a plenitud la propiedad pública de los recursos y sectores estratégicos (la energía en todas sus formas, las telecomunicaciones, los recursos naturales no renovables, el transporte y la refinación de hidrocarburos, la biodiversidad y el patrimonio genético, el espectro radioeléctrico, el agua); así como los servicios básicos (salud, educación, agua potable y de riego, saneamiento, energía eléctrica, telecomunicaciones, vialidad, infraestructura portuaria y aeroportuaria), articulándolos con los debidos controles con la economía privada; Democratizar la propiedad de los medios de producción, en especial la tierra agrícola, altamente concentrada por poderosos terratenientes-capitalistas; Combatir con toda energía la corrupción en todas sus formas; Ejecutar las revoluciones agraria (poniéndole límites a la propiedad de la tierra), urbana (con proyectos de construcción masiva de vivienda social y dotación de servicios básicos para la comunidad) y laboral (defendiendo y ampliando los derechos de los trabajadores, fuerza productiva dominante frente al capital); Apoyar la organización social para una efectiva vinculación con el Estado en la gestión productiva, social y política para organizar en firme el poder popular, que haga posible la democracia participativa; Revisar las políticas y gestión para la seguridad ciudadana, en coordinación con las organizaciones populares; Racionalizar la gestión y defender a los trabajadores autónomos; Aplicar con firmeza, políticas y mecanismos de defensa del consumidor, enfrentando a los monopolios y oligopolios; Contribuir al fortalecimiento de la integración latinoamericana, con el ideal del Libertador Bolívar de organizar la Patria Grande.

Lo anterior es ineludible e impostergable. Como lo sostiene Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia: “Los revolucionarios no hemos venido para administrar de mejor forma el capitalismo”, hay que combatir este sistema explotador de las clases trabajadoras y construir el socialismo. Es un gran reto; para ello hay que fortalecer desde las bases la organización política, con sentido de unidad y democracia, organizar y administrar el Estado con un equipo políticamente firme, con los necesarios sustentos técnicos, como tantas veces se ha proclamado. Por cierto que hay que derrotar a la oposición conservadora, que cuenta con auspicios externos desestabilizadores, como en Venezuela, la que saldrá victoriosa por la fuerza organizada de su pueblo y su partido.