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Ecuador/Mié.23/Jun/2021

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Fausto Segovia Baus

La fiesta por Zoom

23 de diciembre de 2020 00:00

El Ecuador es una fiesta. Esta aseveración no es atrevida. Basta revisar el calendario de onomásticos de las ciudades y pueblos, que fueron, a su tiempo, reconocidos y restaurados por el folclorista Pablo de Carvalho-Neto, brasileño.

Las próximas fiestas decembrinas actualizan el tema cuando Navidad está a las puertas y las festividades de fin de año y año nuevo se preparan –ya no con el jolgorio de siempre con noeles, nacimientos, novenas, pases del Niño, inocentes, años viejos y viudas- sino en Zoom o Meet, herramientas tecnológicas de última data.

Y es cierto. Vargas Llosa –premio Nobel de Literatura- en uno de sus últimos libros plantea al mundo como un escenario donde prima el espectáculo o el show, antes que otras motivaciones. Pero con el advenimiento de la pandemia del coronavirus y la incertidumbre derivada de vacunas desacreditadas, la fiesta se ha convertido en velorios reales donde se destacan las cifras de contaminados y fallecidos en el contexto de las controvertidas declaraciones oficiales y las de los laboratorios y gobiernos del primer mundo, que quieren vender y mercadear vacunas a toda costa.

La perplejidad nos lleva a repensar en “El homo ludens”, famoso ensayo creado por Johan Huizinga, quien fue el primero en proponer que un sinuoso arco iris cruza toda la cultura: el juego, como artífice de una argucia colectiva que marca su impronta no solo en las industrias culturales, sino, tangencialmente, en todas las sociedades y a lo largo de su historia. No sin razón, las noticias –otrora revestidas de verdad- ahora circulan en las redes sociales conectadas por seres anónimos, que juegan –virtualmente- con los ciudadanos mediante expresiones inspiradas en la pos verdad.

Este nuevo juego colectivo –no visualizado por Huizinga- configura un neo escenario para la fiesta global y citadina, que no se doblega ante los desafíos de la vida, la enfermedad y la muerte. Las luces, las ofertas informales o no, las promesas –navideñas y electorales- se confunden en un solo rictus que replantea la salud como prioridad, mientras la economía popular tambalea en pleno salvataje del FMI.

¡Que la fiesta por Zoom se adhiera por convicción antes que por compasión! (O)

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