Fetichismo de la letra

- 18 de diciembre de 2018 - 00:00

a semana pasada nos enredamos un poco, lo reconozco. Es hora de desenredarnos, aclarando algo. Por más maravillosa y culturalmente importante que sea la lengua escrita y su mejor esencia, la literatura, jamás podrá usurpar el lugar de la lengua hablada. En la torre de Babel se confundieron las lenguas, no las letras.

La lengua escrita tiene apenas unos 6.000 años de existencia, quizá un poco más. Y eso en una zona que va desde el norte de África hasta el centro oriental de Asia. Europa conoció la escritura mucho después y América, aún más tarde. Es más, la alfabetización masiva de la población mundial empezó lentamente, tras el perfeccionamiento de la imprenta, cerca de 1500, y todavía no se completa.

El primer mito que debemos desterrar es el de que el español se pronuncia tal como se escribe. La U después de la Q no se pronuncia. Pero en otras posiciones sí se pronuncia. Es diferente casa de causa. Se nos enseñó desde pequeños que la H es muda. Pero es diferente decir cupo que decir chupo. O sea que la H no ha sido tan muda. Cierto es que el español tiene reglas fijas de pronunciación, a diferencia del inglés.

Desgraciadamente, no falta quien cree que la letra dicta la pronunciación. Son gente que conoce poco el idioma, pero se cree experta. Esas personas son las que a veces pronuncian con la Z madrileña (la TH inglesa) la palabra “pacto”: [path-to]. Son las que se escandalizan cuando alguien se come las eses al hablar, como si las estuviera comiendo con H y con C. Estos seudoexpertos son fetichistas de las letras, como decía el lingüista venezolano Ángel Rosenblat.

Sepan que los españoles del siglo XVI celebraban sus “vitorias” y llamaban “dotor” al hombre preparado (machistas, claro). Solo con la llegada de la Academia (epidemia, según Derbez) aferrada a la escritura latina, empezó a escribirse victoria y doctor, y terminó pronunciándose así. Los que piensan que deben pronunciar como se escribe, que me enseñen a pronunciar psicólogo, pues yo pronuncio sicólogo. (O)