Federación Interamericana Empresarial, FIE

- 11 de julio de 2019 - 00:00

Es la Asociación Empresarial Continental, presidida por la Ing. Joyce Higgins de Ginatta, que tuvo su XIX Congreso en Guayaquil, evento al que asistieron más de mil participantes e invitados, cuyo tema fue “Buscando alternativas para un nuevo Ecuador”.

Me llamó mucho la atención el enfoque de la presentación de Pablo Lucio Paredes centrado en el mejoramiento de la productividad: económica, social e institucional del país, en lo que estoy completamente de acuerdo. Nuestra baja productividad se da por un entorno ineficiente y carente de inversión, pues no atraemos suficiente capital.

Hay varios modelos a seguir: el del desarrollo gradual que experimentó Chile, migrando de una decadente actividad minera a una floreciente industria agrícola, frutal y vinícola. O en su defecto, el agresivo desarrollo asiático, que copia, invade patentes, adopta tecnologías, hace acuerdos estratégicos y cualquier forma de negociar que les permite ser muy competitivos.

Necesitamos abrirnos al mundo para aprovechar las ventajas de la tecnología y la especialización. Nuestro pequeño mercado debe expandirse incrementando las exportaciones de lo que sabemos y aprenderemos a hacer bien, para poder importar aquello que nos hace falta.

El gobierno no debe entorpecer este proceso, tampoco agredirnos ni molestarnos con impuestos absurdos como el Impuesto a la Salida de Divisas, ISD, que, en lugar de frenar la fuga de capitales, provoca el suficiente temor para hacerlo y no repatriar ese necesario dinero. Es urgente una reforma del sistema de seguridad social que financie jubilaciones justas y se focalice en el bienestar de sus afiliados. Pero hay que tomar en cuenta que vivimos en un ambiente de desconfianza por la poca fe en las instituciones nacionales.

Pablo Lucio hace una aseveración que estoy muy tentado a aceptarla: “las sociedades las crean las élites” que son los grupos privilegiados por cultura, educación y muy especialmente por el poder económico, que tienen mucha influencia sobre la mayoría de la gente. Es tan cierto esto, como que las revoluciones no las hace el proletariado, sino los grupos dirigentes que imponen su ideología.

Si lo que dice es verdad, estas élites tienen la obligación y responsabilidad de hacer el bien y de ser un ejemplo de principios y valores, lo cual no siempre sucede. Salir de la crisis va a demandar un gran esfuerzo, durante un prolongado tiempo, lo cual nos hace susceptibles de caer nuevamente en las garras del populismo. (O)