Fanon de Wimbí (I)

- 13 de diciembre de 2017 - 00:00

Las dificultades de la provincia de Esmeraldas se explican leyendo a Frantz Fanon. Él escribió la gramática opresiva de la humanidad de las barriadas ecuatorianas (territorialidad urbana) amenazadas por la gentrificación y la humanidad de las comunidades del norte esmeraldeño (territorialidad rural) batallando con un Estado fantasmal. Esta jam-session extiende el significado de gentrificación como la expulsión territorial de la diáspora interna afroecuatoriana hacia ninguna parte.

Éxodos por el envenenamiento de sus ríos. Esa atrocidad tiene disfraz semiótico: “actividad productiva”. ¡Quién discute la imposición de esas invenciones mentirosas!

El 28 de septiembre de 2008, la mayoría de la gente ecuatoriana acordó, en referéndum, que el Estado ecuatoriano sea unitario, pero también intercultural, democrático, plurinacional y laico.

La unidad territorial está repartida en 24 provincias y nadie podrá hacer “casa aparte”. Muy bien en la ley suprema. Después vienen las interpretaciones desde situaciones, intereses y privilegios históricos. ¿A quién rinde cuentas cada gestor estatal? Este jazzman se pone necio, en la versión del cimarrón Silvio Rodríguez, si quiere contestar esta pregunta.

Las aguas de los ríos de las comunidades negras no estarían envenenadas si “fortalecieran la unidad en la diversidad”, si la clase política de la territorialidad esmeraldeña respondiera a sus electores, mujeres y hombres, y no a sus caciques partidistas; y si las comunidades negras derrotaran a sus corruptos y a la desesperanza.

Es racismo del Estado ecuatoriano, a pesar de la bonita palabrería garantista de derechos de la Constitución republicana y a pesar de que las oficinas de protección ambiental, política y derechos humanos están a la vuelta de la esquina. La hipérbole es válida por comunicación, información y visitas frecuentes de funcionarios estatales a ver con sus propios ojos y beber agua traída de la “civilización”, ¡no faltaba más! (O)