Evitar el encierro y abrirnos al mundo

13 de abril de 2011 - 00:00

El Ecuador sufre una abrumadora presión mediática dirigida por las grandes cámaras de la producción y comercio, secundadas por varios medios de comunicación que actúan como caja de resonancia. El objetivo es convencernos de que no existe política comercial, que nos vamos a la quiebra por la eventual no renovación de las preferencias arancelarias andinas con los EE.UU. y que un tratado de libre comercio con Europa solucionaría el déficit comercial y atraería la inversión extranjera directa.

La evidencia muestra que existe política comercial y que, por tanto, el argumento es falaz e interesado. Otro asunto muy diferente es que la política comercial desplegada durante los últimos cuatro años les resulte incómoda y no les guste una diversificación de productos y de mercados.

La renovación de las preferencias arancelarias estuvo en riesgo siempre, con o sin la decisión de la declaración de persona non grata a la embajadora norteamericana, por su intromisión inaceptable en los asuntos internos del país. La Atpdea  no es una dádiva o un favor, es una compensación mínima por la inversión que se requiere y por los problemas ligados a la lucha contra el narcotráfico. Al ser una ley unilateral de EE.UU., a Bolivia no le renovaron en  2008, pero tampoco a Colombia, su socio estratégico (entre otras cosas, tiene suscrito un convenio de cooperación militar con ese país).

En cuanto a las negociaciones con la Unión Europea (UE), Ecuador las suspendió en julio de 2009, por el escaso avance en las tratativas del “Acuerdo multipartes” y como una opción estratégica para presionar por la solución del diferendo del banano. Y, sobre todo, como respuesta a la necesidad de redefinir el campo de negociación para conseguir un acuerdo de comercio favorable para la mayoría de productores y no solo para unos pocos exportadores ecuatorianos y, menos aún, para los empresarios europeos. Luego, se retomaron estas negociaciones.

Un TLC con la UE vulnera a sectores de trabajadores en ámbitos, desde el agrícola hasta el de la propiedad intelectual, compras públicas y sectores estratégicos. México es un espejo del efecto de los TLC. Una vez suscrito con EE.UU. y Canadá, menoscabó su agricultura campesina y ahora importa maíz de EE.UU.

Nadie descarta la importancia de los mercados norteamericanos y europeos, pero el país no está acorralado ni mucho menos. Es necesario explorar nuevas opciones de integración política y de comercio. El comercio internacional es una propuesta conjunta del sector privado y público. Es indispensable acordar un cambio en la matriz productiva. Tenemos un mundo por recorrer.