Lo público y lo privado

- 07 de abril de 2019 - 00:00

La sociedad se desenvuelve entre las lógicas de lo público y lo privado. Las primeras se decantan por el servicio, la seguridad, la justicia y la garantía de derechos, mientras que las segundas, por iniciativas y emprendimientos encaminados a proveer los medios de vida necesarios para las personas. Lo uno no puede comprenderse sin lo otro, como tampoco lo público ha de sobreponerse a lo privado; la realidad exige sinergia, de tal forma que cada sector asuma el rol específico que le corresponde en el horizonte de impulsar adelanto general con equidad.

Infortunadamente, el gobierno anterior consolidó al Estado muy por encima de las personas, afectando iniciativas, libertades, derechos, y causando grave minusvaloración del individuo y sus organizaciones ante la afirmación extrema del poder. Es cierto que requerimos al Estado, pero uno que garantice la paz e intervenga allí donde la dinámica privada impone el interés del capital por sobre todas las cosas, cuando se anula o desconoce al individuo junto con sus sueños y propósitos de vida.

Por su parte, la sociedad, por medio de las organizaciones no gubernamentales, corporaciones, fundaciones e individuos sostiene al aparato estatal; también realiza labores de complemento a las que corresponden naturalmente al Estado, ejemplo: la educación en todos los niveles.

Es hora de acordar con diálogo participativo amplio, la relación entre lo público y lo privado, pasando por la comprensión previa del valor de cada uno y su potencial para el desarrollo. Así pues, el Estado no puede erigirse en Gran Hermano, tampoco en condición para realizarnos como personas, ¡no!, más bien, está llamado a cuidar el interés colectivo, a respetar e incentivar a los particulares y sus organizaciones en provecho de todos. En democracia, ambos sectores marchan juntos y en colaboración estrecha, son piezas insustituibles de un complejo y frágil rompecabezas. El Estado nace para servir al ciudadano, no al revés. (O)