Erik Olin Wright

- 22 de febrero de 2019 - 00:00

La leucemia se llevó hace pocos días a Erik Olin Wright, un inestimable pensador que resulta clave para entender la sociedad contemporánea y sus quimeras. Educado en los agitados años 70, contribuyó con un análisis de clases sociales que se contrapuso a los funcionalistas esquemas de estratificación.

Wright ayudó a reinterpretar la sociedad alejándose de enfoques monocrónicos basados en la achacosa teoría del capital humano. Lo hizo ofreciendo un riguroso trabajo empírico que integró la operacionalización de clases sociales con el concepto de ubicaciones contradictorias de clase.

Wright es necesario para comprender que, si de verdad hay interés en mejorar las condiciones de movilidad social, la génesis de las categorías deben incorporar la discusión del rol de la explotación. Esto evita caer en el torpe supuesto de entenderlas como meras palabras técnicas o –peor aún– en la impericia de legitimar cándidamente categorías bendecidas por organismos internacionales.

El segundo gran aporte fue el de demostrar que es posible ser crítico con el capitalismo sin enfrascarse en aletargados exámenes pesimistas. Las utopías reales, como él las llamó, representan un canal capaz de mitigar los efectos negativos del sistema; sobre todo a través de mecanismos de revitalización de la sociedad civil. Por ejemplo, dos de cinco salidas, proponen que el capitalismo puede ser domado o resistido, a través de prácticas como la construcción de presupuestos participativos o del desarrollo de proyectos de conocimiento comunitario.  

Conversando con Michael Burawoy, su amigo cercano, percibo otro mensaje latente en su legado. Más allá de los elementos tácticos de su propuesta –para lo cual haría falta ponerlo a dialogar con Gramsci–Wright demostró, con su propia historia, que las contribuciones intelectuales tienen la responsabilidad de enlazarse con el activismo. Por pequeño que sea el poder que obtenga un intelectual, debe propender a transformar la sociedad: alejándose de distinciones elitistas y enfocándose en una auténtica disputa ética. (O)

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