El pogromo palestino

- 16 de mayo de 2018 - 00:00

“Pogromo: del ruso pogrom ‘devastación, destrucción’. 1. m. Masacre, aceptada o promovida por el poder, de judíos y, por ext., de otros grupos étnicos”. Real Academia de la Lengua Española. Brutal destrucción de la vida en sus dos sentidos -recordando a Agamben- “Zoe, que expresaba (para los griegos) el simple hecho de vivir, común a todos los seres vivos (animales, hombres o dioses) y bios, que indicaba la forma o manera de vivir propia de un individuo o un grupo” (Homo sacer).

Se ha matado en Palestina, en su propio territorio, la vida nuda humana, y el bios de un pueblo. A pocos kilómetros, la celebración obscurantista y vanidosa de una “tradición inventada” de una capital total. Celebración bañada de sangre de decenas de palestinos muertos y de la sangre de miles de heridos. Un Estado que desangra a otro Estado: una muerte lenta, programada y planificada. Una biopolítica del borramiento de la memoria. Construir una historia oficial a costa de enterrar a miles de “enemigos” que reclaman su propia tierra.

Exiliados en sus propios territorios. Jerusalén, por ahora, ya no es santa ni sagrada. Es un estado de excepción permanente: “un instrumento normal de gobierno” dice Agamben. Estado y excepción para justificar sus atrocidades. Inventa sus propios terroristas para justificar su masacre. Su razón de Estado. Los enemigos son sagrados, sus muertes no son homicidio y reina el asesinato impune. Razón de Estado. Pogromo. Campo de concentración. Cada palestino, cada ciudadano palestino, es un sospechoso, que es marcado por la muerte -asesinado- por cada francotirador -franc-tireurs/sniper-. El Estado camuflado, anónimo. El Estado bestial al acecho. Quiebra de la legitimidad del poder. ¿Dónde quedan los ciudadanos de ambos Estados? Unos en silencio, otros bajo tierra, muertos.

El deber, el imperativo de la muerte, versus, la vida buena y el derecho a su propia tierra, a su propia historia, a negarse a ser borrada su memoria del suelo que les pertenece. Ante la barbarie, las palabras ni sobran ni bastan, solo queda la resistencia… ante la ruina, la devastación, la desolación, el aniquilamiento, el exterminio, la catástrofe… (O)