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Simón Zavala Guzmán

El odio ya pasó

El odio está definido como un sentimiento de antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona o cosa. Y produce venganza y genera venganza. Quién lo origina siempre obtiene como premio su debida devolución, generalmente en mayor grado.
17 de marzo de 2021 00:00

El odio está definido como  un sentimiento de  antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad  o repulsión hacia una persona o cosa. Y produce venganza y  genera venganza.  Quién lo origina siempre obtiene como premio su debida devolución, generalmente en mayor grado. Por eso, me confunde la frasecita de que “el odio ya pasó” que acompaña al candidato Arauz  inventada por los diseñadores de su campaña  para dulcificar  la imagen y el recuerdo negativo de Correa superpuestos sobre su imagen.

Me confunde  porque, por un lado, es una reafirmación de que efectivamente Correa y su gobierno implantaron el miedo como una forma de control social, neutralización y persecución política y que supuestamente, si gana Arauz, en su gobierno no habrá odio, lo cual, todo el mundo sabe que no será así; y por otro, porque se sabe que ese odio que generó Correa y su gobierno está bien correspondido por parte de los odiados que nunca lo van a olvidar y no va a dar resultado favorable lo del “odio ya pasó”.

También presumo que se busca mediatizar el odio de sus perseguidos, desde el supuesto que si gana el candidato Arauz, Correa podrá regresar, aunque sea eventual o esporádicamente, si se consigue meter  las manos en la administración de justicia para que se revisen las sentencias de él y sus adláteres, propiciándose una corriente de simpatía por victimización.

Eso no va a ocurrir, precisamente, porque a la par de la frasecita de marras va otra que dice: “sin odio pero con memoria”; es decir, “con amor pero te corto la cabeza”. Qué equivocada estrategia. Lo que se ha conseguido es un enervamiento de ese odio mutuo. Parece que los “estrategas”, como ya no viven en este país, se acordaron del “déjenlo volver” y se olvidaron de cómo somos los ecuatorianos. Somos gente noble, de sentimientos puros, de mucha generosidad y de un gran aguante y tolerancia.

Pero cuando explotamos de una u otra forma le pasamos la factura al deudor  y le cobramos la deuda. Sólo hay que revisar la historia nada más para verificar que en este país se han cometido los crímenes políticos más cruentos. A los perseguidos políticos en Ecuador ni la figura ni la presencia personal del odiador pueden ser dulcificadas por alguien. Si gana Arauz, nos aprestamos a vivir próximamente los cuatro años más violentos de los últimos cincuenta años. (O)

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