El Manifiesto, versión cimarrona

- 07 de marzo de 2018 - 00:00

Si El Manifiesto se hubiera escrito en Playa de Oro, provincia de Esmeraldas, hace 170 años, sonaría así: Una tunda recorre América, es la tunda del comunalismo (en la versión de Huey P. Newton, más datos en www.rebelion.org).

Contra ese sandunguero entundamiento se han conjurado en una santa jauría todas las potencias de la vieja América, con la vejentud decrépita de cada país, el pretensioso chiquillo de la White House y algunos presidentes más caltados que palo de gallinero, medios de medias mentiras y medios de medias verdades, radicales arcaicos y polizontes de Miami.

Los gobiernos reaccionarios, provenientes de las penosas combas y quimbas del progresismo americano, se despachan con la cuchara grande y los califican de tales, es decir, de “fatales comunalistas”. Y hasta aquellos que se pusieron las coloridas camisas de los progresismos, entre ellos se descalifican de comunalismos. En fin, trabajan horas extras para deshistorizar toda historia cimarrona.

De estos hechos se desprenden dos consecuencias marimberas: la primera, el comunalismo cimarrón ya fue reconocido por todos los países de nuestro planeta, aunque apretando esfínteres y escupiendo algodones aprobaron el Decenio Internacional de los Afrodescendientes, 2015-2024.

La segunda, ya es hora de que Afroamérica se exprese, sin los resquemores del house’s negro, como en el filme Black Panther. Así se saldrá al paso de esa leyenda cierta del entundamiento de las colonialidades en el saber, en la política y hasta en la estética.

Con esas acciones seremos respetuosos Casa Adentro y respetables Casa Afuera. De esta manera, los más altos funcionarios y los más chiquititos, cuando vayan a nuestros territorios o nosotros estemos en las fronteras de sus escritorios, dejarán de maltratarnos como marginados sin fin o pordioseros históricos acreedores de lástima.

Hasta este miércoles, la historia de la humanidad aún es la historia de la lucha de clases. Bien dicho, Carlitos. (O)