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Ecuador/Sáb.5/Dic/2020

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El discurso de Gettysburg

10 de octubre 00:00

Joe Biden, el candidato estadounidense se reveló como un verdadero estadista en su discurso de  campaña presidencial la semana pasada, Destacó su decencia en contraste con el cinismo y la grosería del otro candidato.  Hablando en un lugar sagrado para los norteamericanos, Gettysburg, y emulando al Presidente Abraham Lincoln que pronunció un discurso en ese mismo lugar poco tiempo después de la batalla que resolvió la guerra civil en julio de 1863, Biden llamó a sus conciudadanos a volver a creer en la comprensión y la unión que tanta falta hacen en los Estados Unidos.

Durante la grave crisis económica y sanitaria del país más golpeado del mundo, la división entre estadounidenses fue el tema más recurrente del discurso de Biden. Un discurso que podría calificarse mejor como una prédica. Algunos críticos consideran que es el mejor que el ex vicepresidente ha pronunciado hasta ahora.

Joe Biden reconoció ser  calificado como ingenuo por sus reiterados llamados a trabajar conjuntamente entre personas que piensan diferente. Y dejó a sus oyentes perplejos porque en esta ocasión su discurso fue más ético que político. Habló sobre los valores de la gran nación americana, sobre los peligrosos riesgos de una “casa dividida”, sobre la imperiosa necesidad de la unión, al mismo tiempo que llamó la atención sobre los obscuros fines de quienes  quieren mantener la división y profundizarla. Condenó el odio que anima a muchos y pidió no darle espacio en los Estados Unidos.

Uno de los puntos más importantes de su discurso fue hablar de las injusticias sociales.   Del racismo sistémico hacia los afroamericanos, a la vez del horror de la existencia de supremacistas blancos. De la importancia de que el país ofreciera prosperidad, no solo a unos pocos privilegiados, sino a todos. Del alto precio que han pagado los estadounidenses por permitir que las profundas divisiones del país impacten en el tratamiento que se ha dado al coronavirus.

El mensaje de Biden infundió ánimo y esperanza, estuvo lleno de imágenes de comprensión y tolerancia. Dijo que lo que estaban viviendo los Estados Unidos no era ni bueno ni normal, que requería un liderazgo que buscara reducir tensiones, abrir la comunicación, unir, sanar. Para ello llamó a la gente a ejercitar su voto como la mejor herramienta para construir.

 Sus palabras en Gettysburg fueron por demás elocuentes y hermosas. Oigámoslo a él mismo: 

 “….somos parte de un pacto, una historia común de divisiones superadas y esperanza renovada. Si hacemos nuestra parte, si nos mantenemos unidos, si mantenemos la fe en el pasado y entre nosotros, entonces las divisiones de nuestro tiempo darán paso a los sueños de un futuro mejor y más brillante. Este es nuestro trabajo. Ésta es nuestra promesa. Ésta es nuestra misión. Podemos acabar con esta era de división. Podemos acabar con el odio y el miedo.”

 “Como presidente, abrazaré la esperanza, no el miedo. La paz, no la violencia. La generosidad, no la codicia. Y la luz, no la oscuridad. Seré un presidente que atraiga lo mejor de nosotros, no lo peor.”  “Estoy dispuesto a luchar por ustedes y por la nación todos los días, sin excepción, sin reservas, con un corazón pleno y devoto.”