El aborto como decisión

- 30 de mayo de 2018 - 00:00

Hay una red feminista en Ecuador que brinda información sobre el aborto. Más aun, ofrecen acompañamiento a mujeres que deciden abortar. Las Comadres son parte de un movimiento más amplio por la despenalización del aborto, un movimiento que considera un derecho al aborto libre, seguro y gratuito. Esto, en un país católico, apostólico, romano, curuchupa, medio hipócrita y harto misógino es ser el blanco predilecto de todos los Torquemada.

Las Comadres y el movimiento en general, responden a varias realidades. Responden a una visión normativa sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo. Responden también a las cifras. Según un estudio liderado por Esteban Ortiz, investigador de la Universidad de las Américas, en el Ecuador existieron más de 430.000 abortos registrados entre el 2004 y el 2014.

El estudio enfatiza que no se puede determinar con certeza cuántos de estos corresponden a abortos inducidos, pero que, a pesar de las restricciones legales, las mujeres abortan cuando creen que deben hacerlo. El problema, sin embargo, es el riesgo que las mujeres corren por abortar sin supervisión médica o en centros clandestinos.

Hay una moralidad detrás de nuestro sistema legal e institucional que moldea esta realidad. Las reformas al COIP en el 2014 criminalizaron aún más el aborto, y el Plan Familia acabó con cualquier esperanza de educación sexual efectiva. Más que nada existe un repudio social concentrado pero amplificado donde se condena y critica a las mujeres por opinar sobre el aborto, no se diga practicarlo. Una idea falsa donde, una vez legalizado el aborto, las mujeres correrán en masa a hacerlo. El mito de que las mujeres abortan por deporte.  

Yo, hombre cisgénero, entiendo que no es así. Los estudios demuestran que no es así. Pero, más que nada, entiendo que cualquier posición que yo pueda tomar sobre el cuerpo, el futuro y la vida de una mujer es una posición falsa y cómoda. Es un riesgo que nunca voy a correr y una decisión que nunca voy a tener que tomar. Pero como ciudadano espero que esa decisión pueda ser una decisión libre, legal y segura para las mujeres. Más que nada eso: una decisión personal y no una sentencia de muerte. (O)