EE.UU. busca el golpe en Venezuela

- 18 de marzo de 2015 - 00:00

Barack Obama, representando al imperio norteamericano, suscribe un decreto con el que ‘sanciona’ a altos funcionarios y militares de Venezuela “por haber violado” los derechos humanos en ese país, al que considera “una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y política exterior estadounidense”. ¿Quién puede creerlo?

Nicolás Maduro ha rechazado esa maniobra, denunciando que lo que se busca es desestabilizarlo, en asocio con grandes empresarios y transnacionales, que tienen como objetivo volver a las viejas prácticas de saqueo del petróleo y las políticas neoliberales, con las cuales empobrecieron al pueblo.

Por ello se protestó y hubo la brutal represión (‘Caracazo’) que dejó centenares de víctimas. Surgió Hugo Chávez y el pueblo lo respaldó; se aprobó la Constitución bolivariana y se recuperó el petróleo, los recursos se orientaron al desarrollo productivo y social y se recuperó la soberanía y la patria de Bolívar.

La oligarquía, desde entonces, con la CIA y sus tentáculos, como lo ha hecho en otros países, desataron una labor de zapa; dieron un golpe de Estado, pusieron a Carmona, ‘pelucón’ de las Cámaras de grandes propietarios, en lugar del Comandante, al que no pudieron asesinar; el pueblo los repudió y devolvió el poder a Hugo Chávez en 48 horas. Tras su muerte temprana lo reemplazó Maduro, que en las urnas derrotó a Capriles, que perdió por segunda vez consecutiva y se desató nuevamente una campaña internacional de terror informático, violencia callejera, sabotaje económico.

América Latina, en forma unánime, condena esta campaña y el torpe decreto, desde la Alba, la Celac y la Unasur. Todos coinciden en que se trata de una política injerencista, violatoria de los principios del derecho internacional: autodeterminación de los pueblos, no intervención de un Estado en los asuntos internos de otro y solución pacífica a las controversias. Es también unánime la solidaridad y exigencia de derogatoria del decreto.

El pueblo venezolano es el único que puede resolver sus problemas, y no dará marcha atrás. Decidió, con lealtad a Bolívar, luchar hasta las últimas consecuencias por su libertad y la independencia definitiva de su patria.

Lo que está en juego para los yanquis y la oligarquía venezolana no son los derechos humanos, sino la riqueza petrolera, cuyas reservas ocupan el primer puesto en el planeta.

Las clases dominantes de EE.UU. jamás respetaron los derechos humanos; desde siempre discriminaron con violencia a la gente de raza negra, la de Obama; calcinaron a centenares de miles de japoneses, con bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki; desataron invasiones y guerras, masacrando a millones de seres humanos; depredaron la naturaleza, contaminaron y provocaron desequilibrios climáticos. Todo lo hicieron en nombre de la ‘libertad’ y la ‘democracia’. Ha sido el verdugo del planeta y la humanidad, con cualquier pretexto. Su propio pueblo repudia esa conducta, lo que es una esperanza, como lo es la unidad de los gobiernos progresistas de América Latina, que están en la mira del imperio.