Ecuador debe presidir la Asamblea de la ONU

- 09 de mayo de 2018 - 00:00

El pasado 4 de mayo, en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, se realizó la presentación de las dos candidatas a presidir dicho organismo. Por una parte, la Representante Permanente de Honduras ante las Naciones Unidas, y por otra, nuestra canciller de la República, María Fernanda Espinosa.

Fue un hecho inédito, ya que nunca antes se había establecido este formato de presentación, lo cual aporta a transparentar este tipo de procesos que generalmente están por fuera de la opinión pública de las naciones. Después de varias horas de presentación, es evidente, por la fuerza de los argumentos y la capacidad de visión, que nuestra canciller cumple el perfil que exige la presidencia del organismo mundial.

Hay que resaltar no solo el conocimiento de los diferentes y variados temas de trabajo que lleva adelante la ONU, sino la capacidad de análisis y visión multidimensional e integral que hay que tener para comprender la necesidad de cada país, de cada bloque, sus demandas, como la necesidad de actualizar el sistema y sus métodos de trabajo, como de dotarle de nuevos métodos participativos que traigan resultados concretos, más allá de los discursos.

Sin duda, un tema fundamental es la necesidad de actuar con celeridad ante los problemas que trae el cambio climático y el calentamiento global, como también los nuevos ciclos de migraciones, la necesidad de políticas globales para la inclusión de personas con discapacidad, como el cumplimiento pleno de los derechos de las mujeres y de toda diversidad de géneros. La canciller fue muy clara y tajante sobre la “deuda pendiente” que tiene la ONU con el pueblo palestino. No hay duda de que es una vergüenza para la humanidad que la paz y el derecho internacional no prime en esa y en otras regiones del mundo. Una visión integral es vital para que el organismo atienda y enfrente los peligros globales del narcotráfico y el terrorismo.

Y multidimensionalmente, enfrentar la desigualdad y las injusticias que se profundizan en cada región del planeta. Caso contrario no será posible avances significativos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esta es una gran oportunidad de hacer política en bien de las mayorías del mundo. Superando las mezquindades de cierta política local, miope y acomplejada que busca una política exterior tutelada, sin pensamiento propio. (O)