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Fausto Segovia Baus

Ecuador: ¿acuerdo?

03 de marzo de 2021 00:00

El vocablo Ecuador, si usted revuelve las letras, tiene como resultado una nueva palabra: a-c-u-e-r-d-o. Y es el tema de hoy, cuando el país busca salidas a sus problemas –estructurales y coyunturales-, que los aquejan desde su nacimiento.

Hace poco releía un valioso libro que tuve la oportunidad de editarlo: “Ecuador: una nación en ciernes”, de Rafael Quintero y Erika Silva. Allí y en otros manuscritos se plantea una pregunta crucial: si el Ecuador ha logrado consolidar un Estado Nacional. Una tendencia de investigadores mantiene la idea que el Ecuador, pese a los esfuerzos no ha podido lograr un acuerdo básico como país, por la incidencia de fuerzas internas y externas, que dejaron al país “en ciernes” por varias décadas.

Los problemas externos siempre fueron amenazas reales. Me refiero -como ejemplo- al conflicto con el Perú, que culminó con el cierre de la frontera sur, que había sido una “herida abierta” para muchas generaciones. Hoy, en lo externo, hay una amenaza más grande que tiene diversas características, por ser un fenómeno transnacional: el narcotráfico, que ha hecho del Ecuador un país de tránsito de estupefacientes, con mafias activas que han llegado a atentar al mismo sistema democrático.

En el orden interno, el país sigue fragmentado o invertebrado, con un modelo que no se afianza en lo político, social y económico por falta de acuerdos básicos de gobernabilidad, que permitan superar las causas de la pobreza estructural y de otros males subyacentes: la corrupción y el autoritarismo, en desmedro de los derechos humanos fundamentales.

Un país inmensamente rico en recursos naturales como el Ecuador no ha tenido la capacidad para gobernarse en beneficio de su población, que pasa, de tiempo en tiempo, por encrucijadas y asonadas, levantamientos y bloqueos que no solo irritan a los inversionistas, sino a los ciudadanos de a pie –que a gritos y en silencio- piden paz, oportunidades de trabajo para todos y equidad.

Alexander Von Humboldt, quien exploró territorios españoles en América en 1802 con el permiso del Rey Carlos IV, describió a los ecuatorianos como «seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste”.

¿Ese es nuestro destino? ¿O merecemos un acuerdo serio entre todos?

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