Ecuador a la presidencia de la Asamblea General

- 11 de marzo de 2018 - 00:00

Para elegir dignidades de una organización internacional la práctica diplomática contemporánea considera, sobre todo, los compromisos negociados por los Estados y, si procede, los endosos de los grupos regionales. Como se trata de una práctica, no está regida por los tratados y solamente lo estaría por la costumbre, otra importante fuente de normas internacionales, si esa práctica, a más de constante y uniforme, fuese realizada con sentimiento de cumplir una obligación jurídica.

En el caso de la candidatura a la presidencia de la Asamblea General de la ONU no existe un compromiso entre Ecuador y el otro aspirante, Honduras, pues, si bien nuestro país propuso un canje de votos, Honduras nunca formalizó su aceptación por escrito, como se acostumbra. A falta de respuesta, Ecuador registró como no recíproco el voto hondureño por el candidato ecuatoriano a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Por lo tanto, nada debe Ecuador a Honduras y nada tiene esta que reclamarle ahora.

Para ocupar la presidencia de la Asamblea General las regiones del planeta se turnan; este año le toca al grupo de países de América Latina y el Caribe (GRULAC). Entonces, para ser electo, el candidato regional habrá debido obtener previamente la mayoría de votos dentro del grupo. Hasta hace cinco meses Honduras no había conseguido tal apoyo y el GRULAC comenzó a buscar otro candidato que lo concitara; Ecuador postuló entonces a la canciller Espinosa. Como toca ahora al GRULAC decidir a quién apoya, son esos votos los que el país deberá buscar, pues, con tal endoso, la candidatura será ratificada por el resto de miembros de la ONU.

Se ha dicho que, según la costumbre internacional, un Estado que ocupó la presidencia de la Asamblea General no podrá hacerlo de nuevo; así, la canciller Espinosa quedaría excluida porque Leopoldo Benites Vinueza la ejerció en 1973. Esto no es exacto: los argentinos José Arce (1948) y Dante Caputo (1988) presidieron la Asamblea General. La práctica, entonces, no es constante ni uniforme.

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