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Ecuador/Vie.30/Jul/2021

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Mariana Velasco

Dos hilos y un puente

16 de junio de 2021 00:30

A pesar de las diferencias teóricas e ideológicas que persisten en torno al tema –abismales en algunos casos- nadie duda que la “opinión pública” es una construcción social, reflejada en la conflictividad social, en las tensiones culturales que polarizan el mundo actual y en la que los medios de comunicación tienen inmensas y complejas responsabilidades.

Una información parcializada, que destaque sólo los aspectos negativos de una realidad, que no contraste fuentes ni verifique los datos, puede causar tropiezos a cualquier diálogo o conversación, mucho más sobre temas sensibles como procesos o acuerdos para sellar la paz entre grupos enfrentados dentro de las fronteras nacionales, entre estados o en la lucha entre los bloques multilaterales que disputan control y poder en la geopolítica mundial. 

En este contexto la “opinión pública” y la paz son intangibles que marcan el pulso y la vida de los ciudadanos; dos hilos y un puente en la búsqueda de un estadio positivo individual y colectivo, concepto multidisciplinar que se convierte en una meta de vida, con multitud de condicionantes pero una finalidad común.

Un ejemplo cercano nos recuerda cómo un objetivo que identificó y unió a los ecuatorianos: encontrar la paz con el vecino del sur, convirtió, paradójicamente, la agresión en el motivo que galvanizó la opinión pública a favor de la paz.  La decidida respuesta social de los ecuatorianos para afrontar el conflicto dio base al excelente trabajo de nuestra Cancillería para la negociación entre nuestros gobiernos, que culminó en la suscripción del acuerdo de paz entre Ecuador y Perú en Brasilia, el 26 de octubre de 1988. 

En este caso, la relación intensa, compleja y fructífera entre medios de comunicación, sociedad civil y diplomacia profesional para construir esa opinión pública favorable a la paz fue decisiva. No solo se evitó la guerra, además la opinión pública dio un positivo viraje de 180 grados sobre los prejuicios generados en un conflicto centenario, alimentado malsanamente por generaciones. Los tambores de guerra se silenciaron y dieron paso al llamado para construir la paz con las armas del desarrollo: dos hilos tendieron un puente, la comunicación para la paz y la opinión pública.

En los siglos XIX y XX la opinión pública desempeñó un papel legitimador del sistema político, bajo el supuesto teórico que la opinión mayoritaria representa al soberano y es el corazón de un sistema democrático y constitucional.

Esta visión teórica tuvo y tiene contradictores y críticos.  Habermas anticipó la post verdad, que da lugar a la “verdad relativa”, en la acción social y subrayó la necesidad del proceso permanente de formación de criterios y de voluntad ciudadana –la opinión pública- como correctivo del poder político y garantía de libertad.   Chomsky, siguiendo a la Escuela de Frankfurt,  desnudó la alianza subterránea de los medios, dada su dependencia económica (publicidad), para ponerlos al servicio del poder estatal y empresarial del sistema capitalista, condicionando el debate público según sus intereses, su visión, sin embargo, es aplicable a  otros sistemas totalitarios de signo ideológico diferente, cuya férrea dependencia de los medios informativos del poder político es aterradora ,  en donde el miedo da origen a una esclavitud participativa.

En la era de la hiperinformación que vivimos, el debate se ha desplazado a si en el ecosistema informativo de cada ciudadano en particular, el tratamiento profesional de la información desde los medios tradicionales y alternativos, puede competir con la avalancha informativa-desinformativa de las redes sociales, que inciden en la formación de sus percepciones de la realidad.  Con la preminencia de los bulos y fake news en las redes sociales, la opinión pública, como la concibió Lippmann, con el factor irracional que la acompaña y conspira contra la cohesión social, ha sido multiplicada exponencialmente y pone en riesgo la toma de decisiones individuales e institucionales para alimentar la incertidumbre y el caos.

La opinión pública hoy luce más fracturada y confundida. La manipulación intencionada de temáticas que se debaten en la esfera pública constituye una amenaza para la paz global. Un ejemplo aleccionador son las elecciones recientes de Estados Unidos y ponen de relieve la necesidad del encuadre profesional que el periodista enfoca en un tema. Cuando más irrelevante parecía la profesión del periodista ante la expansión de las redes y el mal llamado “periodismo ciudadano”, más se siente la necesidad de un periodismo profesional comprometido, que apoye la necesidad de tender un puente entre la opinión pública, la paz y el desarrollo.

 

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