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Ecuador/Mié.14/Abr/2021

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Tatiana Hidrovo Quiñónez

¿Dos candidatos parecidos?

08 de abril de 2021 00:00

Cuando dos candidatos llegan a una segunda vuelta buscan posesionar la idea de que son personal e ideológicamente diferentes, que encarnan cada cual las virtudes de la benevolencia con los desposeídos, la honestidad y el conocimiento para gobernar. Uno y otro propaga las falacias, mentiras y actos dolosos del contrario.

La campaña que está por culminar en el Ecuador (abril, 2021) ha sido una mera puesta en escena, un juego de marketing de baja calidad y sin arte. Por otra parte, ha replicado las viejas campañas del siglo XX. Basta abrir la revista La Calle de los años 60 para comprobarlo. Aunque las redes son nuevas, éstas no dejan de ser en un punto la mimetización tecnologizada y amplificada del viejo cartel, afiche, grafiti y pasquín.

Un estudio podría, no obstante, identificar campañas de ruptura, tal vez una de ellas la que abanderó el proyecto de la Revolución Ciudadana (2006), que tuvo como su hito de partida las jornadas de los “forajidos”. Estableciendo una comparación a priori, se podría afirmar que en la actual campaña no hay ningún elemento de forma ni fondo, comparable con el histórico proyecto de la Revolución Ciudadana. Uno de los indicadores es que no existe un movimiento ciudadano complejo, ni un proyecto, porque aún el original está ausente.

Los enunciados de los candidatos son conceptualmente los mismos. Ofrecen poner dinero temporal en los bolsillos, subir el sueldo básico, promover la inversión extranjera de Asia, o en otro caso, traer dinero aperturando más el comercio, para mantener la dolarización. Uno de ellos habla de comprar las deudas de miles de ecuatorianos y trasladarlas a la banca pública, lo que a ojo de buen cubero significaría capitalizar la banca privada con plata del Estado. También se propone retornar el dinero de respaldos monetarios que están en Suiza. Todas son técnicas económicas de corto plazo, porque la realidad última es que el numerario que entra debe salir de vuelta, debido a que somos a la vez un sueño de Estado nacional y un barrio económico de la globalización, absolutamente dependiente y subordinado, aunque con relativa soberanía alimentaria. Ninguno de los candidatos desarrolló una propuesta ni discurso pedagógico y argumentativo, ni propuso una estrategia nacional para la sobrevivencia dentro de una nueva y dramática dimensión global capitalista, tal vez porque son algo parecidos. (O)

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