Doménica Tabacchi

- 13 de mayo de 2019 - 00:00

Yo sí creo que al final, todos nos convertimos en historias. Pero hay personas cuyas historias no deberían tener final. Doménica Tabacchi bien podría ser una de ellas.

Del estudio de televisión al Concejo Municipal. De manejar un segmento sobre la comunidad a servir a los guayaquileños. De concejal a vicealcaldesa. A los 46 años es más fácil deshojar margaritas sobre el futuro sabiendo de qué madera se está hecha.

Si la alcaldía no fue para ella esta vez, espero que su voz clara y pausada se haga escuchar pronto en esa Torre de Babel llamada Asamblea Nacional. Quizás llegue en desventaja porque se trata de una servidora pública y no de una fiera política. Pero para mí, aprobó el examen de templanza durante el homenaje a Pepe Mujica en 2014. Tiene músculo y, sobre todo, cuenta con los pulmones para correr sin pausa hasta llegar a la meta.

Me entusiasma lo que representa Doménica Tabacchi porque creo que el país se aturde en esta sobredosis de discursos estériles y triquiñuelas legales. Necesitamos gente que hable menos y entienda más, que se levante a las 04:00 para planificar una jornada de trabajo y que sea capaz de ofrecer soluciones sostenibles e integradoras.

Nos urge tener más obreros cívicos que no pierdan ni el entusiasmo ni el pulso de la realidad. María Fernanda Pacheco, por ejemplo, sumó de manera importante desde el Patronato San José, pero su carrete se queda sin hilo. El caso de la vicealcaldesa es distinto: tiene una hoja de vida limpia con 17 años vinculada a un modelo administrativo avalado continuamente por sus mandantes. Y, sobe todo, demostró empatía con los más vulnerables.

Es cierto que no ha tenido la oportunidad de mostrar si tiene dotes de liderazgo porque ha crecido bajo la sombra de Nebot. Posiblemente hay dudas porque es una figura local. No faltará un trasnochado que la descalifique por su apellido extranjero y sus ojos claros. Además el PSC es resistido en varias provincias. Pero cuando una persona deja huella en todos los lugares donde estuvo, hay que procurar que siga avanzando. Sería un desperdicio para el país si en esta transición deja apagar su llama. Espero que su historia no encuentre pronto un final y que también lleve su luz fuera de Guayaquil. (O)