Dolorosas coincidencias

- 04 de septiembre de 2018 - 00:00

Lo más preocupante de cualquier acuerdo con el FMI es la falta de libertad que sufren los gobiernos para impulsar una agenda de desarrollo.

Es que el FMI no ha cambiado, no puede cambiar, porque su principal papel es el de gendarme del sistema financiero internacional. La supuesta sensibilidad social que hoy tendría es pura fantasía, lo confirman las despiadadas exigencias de sus políticas de ajuste, que siempre hacen recaer las consecuencias de las crisis sobre el pueblo y no sobre los verdaderos causantes de las mismas.

En Argentina se ha vivido un proceso exponencial de crecimiento de la deuda externa. Se ha llegado a dimensiones que ya no caben en la cabeza de ser humano alguno. Lo peor se ha dado con el gobierno de Macri, porque no existe una contrapartida en obras que explique la deuda, lo contraído, aún en esas dimensiones, se ha volatizado.

Lo dice un colectivo de economistas de izquierda que llaman a la gente a oponerse a nuevos acuerdos con el Fondo, porque también representa  enajenar la soberanía de un Estado. En los recientes meses en ese hermano país se consumó una monumental salida de dólares. El dinero que falta para atender a escuelas y hospitales se esfumó por la ausencia de controles al movimiento de capitales. En Argentina, denuncian estos economistas, se ha cedido el manejo de las reservas al FMI.

Se advierte, otra vez, que se pretende circunscribir la crisis a un problema fiscal, que se resolvería desde el gasto, con lo que se recarga sobre la gente los problemas de ese desequilibrio. A los sectores más poderosos, en cambio, se le liberan retenciones, en el agro, en la minería.  Estos economistas argentinos, agregados en un colectivo que hace un severo diagnóstico, que en todo caso espera ser discutido, también proponen un impuesto extraordinario a las grandes fortunas y a los depósitos “off shore”.

La destrucción del salario y los ingresos populares están en el corazón de los nuevos acuerdos con el FMI, como también el despido masivo de empleados públicos para generalizar el desempleo y así debilitar la resistencia social. Esta es la tragedia de la Argentina actual. Se podría decir que en el juego democrático de elecciones, esa fue su opción y tendrán que encarar lo que hoy deberán reconocer como error histórico.

¿Y en nuestro país qué elegimos? Se supone un proyecto que estaría en las antípodas del “macrismo”, pero el devenir de los acontecimientos nos está dejando un agrio sabor porque son muchas las coincidencias, en el lenguaje y las resoluciones, que nos acercan a una ortodoxia capitalista liberal que jamás estuvo en los planes de la mayoría ecuatoriana. (O)

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