Dolor y solidaridad

- 20 de abril de 2016 - 00:00

Es inmenso el dolor por la tragedia humana y material provocada por el terremoto que, según opiniones versadas, es uno de los más graves ocurrido en Ecuador.

Es gigantesco el efecto provocado; más lo es la solidaridad mostrada por el pueblo ecuatoriano, sus organizaciones. Todos, hombres y mujeres; jóvenes y de todas las edades han mostrado su preocupación y acción de entrega solidaria a los compatriotas de Manabí, la tierra de Eloy Alfaro, los más afectados.

Ha sido evidente también, se lo ha constatado en esta tragedia, los avances logrados en institucionalidad e infraestructura, lo que ha permitido coordinar acciones desde el sector público y con ciertos niveles y facilitar la asistencia diversa. Ojalá perdure. La comunicación a la colectividad ha sido muy buena.

Las posibilidades de movilización, transporte personal y atención médica, personal de seguridad y para recoger y entregar las ayudas son muy superiores; la solidaridad internacional ha sido inmediata y buena. Falta mucho; como siempre, destacan Cuba, Venezuela, igual que Colombia.

La dotación de recursos estatales fue rápida. En medio de dificultades fiscales por todos conocidas, están disponibles importantes recursos para uso de los GAD y otras entidades frente a la emergencia.

Todo Ecuador ha orientado su acción hacia la tragedia y ha colaborado, de una u otra forma, para levantarse de este duro golpe, que afecta a todos, más allá de la directa afectación a miles de familias en los lugares siniestrados.

Hay que reconocer que muchos actores políticos y analistas han reducido o congelado sus posiciones extremas de críticas, en cambio, han quedado en evidencia otros, los menos, en sus posiciones extremas y viscerales; algunos se regocijan de que el FMI (brujo financiero internacional) haya señalado que Ecuador decrecerá y acostumbrados al gran fondo del BCE todavía lloriquean por los ‘fonditos’ de reservas, travesuras y latrocinios, ya que no provisionó el Gobierno, con lo que redujo sus posibilidades de travesuras y latrocinios.

Nadie sabe aún el número de víctimas; muertos, heridos, desaparecidos. Tampoco puede haber cálculos de las pérdidas materiales y sus costos.

Lo que se sabe es que la recuperación tardará mucho tiempo y que se requieren miles de millones de dólares para su financiamiento, a fin de mitigar los males, compensar, recuperar.

Se sabe también que será severo el impacto en la debilitada situación fiscal y que habrá que enfrentarlo por distintas vías, redistribuyendo partidas presupuestarias, repriorizando programas y proyectos, buscando fuentes de nuevos ingresos (créditos, preventas petroleras, impuestos especiales, etc.) y también se sabe que todos deben colaborar en correspondencia con sus posibilidades.

Las miradas del pueblo están dirigidas hacia los poderosos empresarios, los exportadores y banqueros, los de los supermercados y centros comerciales, negocios en los paraísos fiscales, exportadores capitales; en suma, los ricos de este país, las empresas extranjeras que han obtenido grandes utilidades desde el petróleo, la construcción, las finanzas y otras actividades, con sus aportes; su ayuda frente al grave problema.

Hay que vigilarlos. Todos con sus miradas hacia ellos, también a la espera de una convergencia patriótica, con todos los patriotas, para sacar al país de la coyuntura económica adversa. (O)