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Ecuador/Mié.21/Abr/2021

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Felipe Rodríguez

Decapitados y descuartizados

01 de marzo de 2021 00:10

Hay masacres que deben realizarse en el interior de ciertos lugares para que podamos evaluar a los de afuera; ajá, no a los que mueren descuartizados, sino a los decapitados que desde la comodidad de sus hogares reaccionan ante lo que consideran muertes desechables.

Esto me obliga a explicar, a los de cerebros desechables, la razón por la cual el Estado es el único responsable del cuidado y seguridad de los presos y, prometo ponerlo facilito para que hasta el más pulcro y moral ciudadano lo entienda desde su pundonor:

1. Juan, borracho, atropella y mata. Mientras es juzgado va a la cárcel con prisión preventiva. Es irrelevante, aún, si es hallado culpable o no, porque ya está tras las rejas.

2. Las cárceles son públicas, lo que significa que están gerenciadas por el Estado y son financiadas con nuestros impuestos.

3. Las rejas son metálicas, ergo, Juan no puede salir a desayunar waffles con su tía o a jugar fútbol en La Carolina. Sí, suena obvio, pero entiendan, Juan perdió su libertad y está encerrado.

4. Como Juan está encerrado, no puede ir al súper a comprar papillita; tampoco puede salir a cazar liebres y venados para alimentar a su manada. Entonces, el Estado debe alimentar a Juan, caso contrario, Juan muere por inanición porque Juan, secreto, también siente hambre.

5. Juan comparte celda con El Turbina, condenado por asesinato. ¿Quién tiene el control de las celdas, la supervisión de que los presos no tengan puñales que parezcan catana Samurái? Ajá, el Estado. Entonces el Estado es el garante de que El Turbina no corte en pedazos a Juan, porque Juan, les cuento, no tiene a dónde correr, pues está bajo la administración del Estado.

6. Juan, como también es personita, vertebrado y todo, puede enfermar. Pero Juan no puede ir al Metro a pedir una cita médica. Ajá, por eso el Estado debe atender su salud y garantizar que no muera como un perro.

7. Ahora, piensen que Juan es su hermano. Cuando Juan entra a una cárcel, ¿a quién le encargan la vida de Juan mientras pelea su juicio o mientras cumple la pena? Ajá, al Estado. Tal cual una madre que da la glándula mamaria a su recién nacido y que no puede dejarlo solo en la cuna mientras se va a de fiesta al antro de moda. ¿Entienden?

Por ello, jurídicamente, cuando alguien es asesinado en una cárcel, el Estado debe responder internacionalmente. Ajá, y se llama cárcel, no como pomposamente les gusta llamarla: “Centro de Rehabilitación Social”.

Y no, no son perros que se matan entre ellos. Son humanos bajo la administración estatal. Humanos, una palabrita que, claro, para los decapitados, resulta imposible de deletrear. (O)

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