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Ecuador/Sáb.27/Nov/2021

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José Velásquez

De veteranos y grilletes

22 de febrero de 2021 00:00

Matías Oyola saltó a la cancha de Manta en la recta final del partido con un 2-1 a favor del local. Barcelona rasguñó el empate, pero el capitán no es de los que se conforman. Cuando moría el partido, recibió un balón cruzado desde la derecha y definió mordido con su pierna menos hábil. Estaba incómodo pero la sapiencia de sus 38 años le permitió encajar en un ángulo el grito de la victoria.

Se dice que en el futbol la madurez técnica se alcanza hacia los 26 años, y que a partir de los 30 ya hay que empezar a planificar el retiro. A la edad de Oyola, la diferencia entre longevo y veterano está asignada por la vigencia. Se puede seguir vistiendo de corto, pero es solo la experiencia convertida en utilidad la que distingue a los que suman de los que ya empiezan a restar.

Por supuesto, ninguna de las categorías resulta en un demérito pero en el Ecuador el insulto fácil es siempre el camino más corto al prejuicio. El alcalde Yunda sí que es un veterano, en pleno ejercicio, del mal gusto y la chapucería. Decir que un grillete es una presea ratifica su miopía ética y su falta de respeto a una ciudad maltratada desde su raíz. También está claro que a estas alturas cualquier amague de autocrítica tendría rasgos de confesión y el agua ya va llegando al cuello.

Esta no es una columna para defender el buen nombre de Roque Sevilla; primero porque su reputación no se mosquea con una contestación irrespetuosa, y segundo porque el objeto de la preocupación no es el empresario sino la persona que ocupa la cabeza del municipio.

El alcalde Yunda debe recordar que, independientemente de su fuerza de choque en redes sociales y del espaldarazo correísta, no tiene piso político en el Concejo Metropolitano, que su administración es altamente cuestionada por su rústica colección de tropiezos y que su nivel de aceptación compite con el de Mauricio Rodas en sus últimos días. La administración Yunda marcha a oscuras en medio de los baches de la Avenida La Prensa con la llanta baja y, aparentemente, en contravía y sin licencia.

Una cosa es tener una administración discreta y otra es tener la audacia de inflar el pecho ante los fracasos y los escándalos. No obstante, dudo si Quito ha aprendido esa lección que indica que siempre se puede estar peor. ¿Cuál fue el último gran alcalde que tuvo Quito? En mi lista personal tengo un podio con Mahuad, Sixto y Paz, y todos brillaron en el siglo pasado. Luego de eso tenemos a Sevilla y a partir de allí empieza una resbaladera sin freno.

Si se hace un ejercicio similar en la prefectura, no puedo recordar un solo caso de éxito. La mediocridad lleva décadas instalada en el Gobierno Autónomo Desentralizado de la Provincia del Pichincha con la única diferencia que en los últimos años opera como un rabioso gestor político. Dicho sea de paso, ahí también hay grillete.

Quito y Pichincha pueden renegar todo lo que quieran hoy, pero de nada servirá el lamento si en las próximas elecciones se apuesta otra vez por la aventura de turno, incluso a pesar de la hemorragia de candidatos. ¿Hasta cuándo tenemos que soportar estos funcionarios que además de ineptos están salpicados o manchados por la corrupción? Mi referencia inmediata son los oscuros años de Bucaram y Adum enquistados en el Guayaquil apocalíptico de mi niñez. Tenemos abundancia de improvisados con padrinos y veteranos en mafia política, lo que pasa es que no siempre nos damos cuenta; por eso vale la pena llegar al recinto electoral enfocado y evitar que nos sigan metiendo goles incluso en el último minuto.

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