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Ecuador/Jue.17/Jun/2021

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Edwin Hidalgo

De monigotes y frijoles

29 de diciembre de 2020 00:00

Cuando yo era niño, en Quito llamábamos fréjol al vegetal más popular de la comida latinoamericana. Usábamos esta palabra que venía del griego a través del latín e influido por el árabe, tal como se usaba en el castellano del siglo XVI. Pero la influencia del dialecto mexicano popularizado por el cine y por el doblaje hizo que muchos cambiaran la hermosa pronunciación antigua por la de frijoles. No estaba tan mal, porque la alternativa hubiera sido la palabra racista que usan en España: judía. En fin, así ocurrió con todo. La deliciosa palta (nombre quichua) ya solo se conserva en Argentina, mientras aquí usamos el término centroamericano aguacate. Y ahora hasta usan una palabra mexicana, guacamole, para nombrar al aguacate aplastado.

Pero no solo perdimos los serranos andinos ante México, sino también ante nuestros compatriotas costeños. En el Ecuador existen muchas variedades de banana. La más conocida, la de exportación, decíamos plátano y punto. Ahora se está imponiendo el término costeño guineo. Yo seguiré comiendo platanito, a mucha honra. Después nos vinieron con otra imposición. El muñeco que solíamos quemar el 31 de diciembre le llamábamos simplemente “año viejo”, hasta que asomó algún político guayaquileño (como casi todos) y dijo que se llaman monigotes esos muñecos. Y lo aceptamos, al punto que por la pandemia prohibieron quemar monigotes y todos entendimos que eran los muñecos y no los peleles. Porque la acepción principal de monigote es la de un pelele, un tipo que se deja manejar por otro individuo o grupo.

En la II Guerra Mundial, por ejemplo, el dictador rumano Antonescu era un monigote de los alemanes. Eso es lo que se entiende comúnmente por monigote. Pero la acepción que tomaron en Guayaquil fue la tercera, la de un muñeco ridículo. Otra caso es el pasado del subjuntivo. En América siempre usábamos la forma en – ra: amara, comiera, viviera. En España usan la forma del portugués en –se: amase, comiese, viviese. Ahora aquí dicen: “si yo tuviese dinero, me casaría”. (O)

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