De cómo sigue muriendo el periodismo

- 14 de marzo de 2014 - 00:00

La información primero se la pasaron. Luego corrigió los datos. Luego difundió la versión oficial. Así lo explica en su cuenta de Twitter. No es el proceso detrás de la producción periodística. No es lo que ocurre detrás de la noticia. Son los pasos de la información. Primero publicó en su cuenta de Twitter la información que le pasaron: “Confirman expulsión de la OEA de Ecuador”. Esto seguido de algo parecido a un contexto: “El 28 de febrero les pidieron que cierren la oficina en Quito, que está en comodato. En la OEA no entienden los alcances de la medida”. Un día después, la duda, la realización personal de una posible equivocación producto de la ignorancia y el orgasmo de la primicia: “Hay dudas sobre si la expulsión de la oficina tiene un sentido de expulsión del país o del inmueble. El [documento] fue entregado el 28 de febrero”. La corrección de los datos, inmediatamente después: “Corrijo el dato, la expulsión de la OEA no es claro. Fueron solicitados de abandonar la oficina que ocupan. Quedan dudas del alcance”, y “La Cancillería confirma el pedido de desocupación. Repito: No es clara una expulsión, documento ambiguo”. Seguido por la autorrealización de lo que debe ser la actividad periodística: “No existen versiones oficiales. Seguiremos buscando datos más claros”. Finalmente, la información de una fuente verificable: “@MarcoAlbuja confirma que oficina de OEA se cierra, pero se mantienen proyecto”. La oficina de la OEA se trasladará al Centro Histórico. Un abismo entre esto y la expulsión del país del organismo internacional.

No es un reportero el que publica esto. No es un ciudadano por cuenta propia. Es Luis Eduardo Vivanco, editor General de Diario La Hora. Master de la Escuela de periodismo UAM – El País. Su justificación, que sugiere culpa, es: “cosas de inmediatez”. Esa respuesta es la muerte del periodismo. El tiro de gracia de un periodista que pensó que su labor era la del tipo en la columna de chismes.

Lo que pedimos del Editor General de un periódico, de cualquier periódico, es que, por lo menos, se tome el trabajo de seguir el Código de Ética del propio diario. Esa parte de “ajustado a la veracidad de los hechos y con fuentes diversas y contrastadas”. El uso del presente indicativo por sí mismo no es una fuente. Así como la inmediatez no puede preceder a la veracidad. Ni la mediocridad al profesionalismo. Pensaría que como periodista, como representante de un medio y como heredero del mismo, los estándares fueran más altos.

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