De abajo hacia arriba, para una revolución

- 03 de enero de 2018 - 00:00

2017, fue un año extremadamente duro para la política y lo político. La mayor lección es que la lucha social es indisoluble, aunque no involucre a toda la población necesariamente. Quienes han pensado que se puede hacer política desde el consenso, cometen un grave error. La política siempre es un continuo disenso, por la propia naturaleza de la lucha entre clases sociales. Quienes creen que no es necesaria esa lucha o que no existe, simplemente, caen en el juego de la fe. De superponer el deber ser al ser. Sucumben tarde o temprano. En la política ecuatoriana, más allá, del sistema político institucional, la disputa política se da en todos los ámbitos. Sobre todo, entre la condición de ser ciudadanos y ser consumidores. Y eso de la hegemonía al común de las personas les importa poco, pero a los que sí les interesa, comprenden que la vía sana hacia la disputa por el poder, más allá, de los gobiernos de turno es la construcción de bases sociales. Desde los barrios, las comunidades, los recintos, etc. Politizar todo espacio de la sociedad. Porque nos vemos enfrentados a una hegemonía global despolitizante. Y la fe en que ser gobierno es suficiente, ya se ha demostrado muy limitada y frustrante en toda América Latina. Vivimos bajo el nerviosismo de quién ganará, en qué país, para pensar si el progresismo tiene presente y futuro. La fe en el electoralismo, en los personalismos –que siendo necesarios- también nos condena, a buscar la salvación, donde no la hay. Vieja historia que se repite cíclicamente en el continente. También nos ha quedado claro que el marketing y la publicidad no pueden sustituir a la movilización social. El efecto es de adivinanza. Aún no sabemos qué es lo que quiere la gente, qué mismo queremos como país. Y la fe recae, nuevamente, en las encuestas, los encuestadores y sus analistas: que les ha ido muy mal en los últimos años. Hay que decirlo con claridad: ¿luchamos contra el capitalismo o buscamos maquillarlo a nuestra imagen y semejanza? ¿Le interesa a la nueva clase media construida en este país, una revolución socialista, le interesó alguna vez o fue cosa de tecnocracias? ¿Hay que tener recelo a la Consulta Popular? ¡Claro que no! Hay que enfrentarla y disputarla. (O)

 

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