La cultura en la orfandad

- 10 de noviembre de 2018 - 00:00

La cultura, en su vertiente de creación artística, literaria, musical, pictórica, escultural, de artes escénicas, cinematográfica y de artes audiovisuales, etc., es decir de todas aquellas expresiones de pensamientos y sentimientos que elevan el espíritu a un mundo emocional y placentero, colectivo, solidario, debe tener una política nacional clara y respaldada económicamente por el poder central. Pero debe nacer y crecer en lo comunitario local.

El poder central está para establecer los lineamientos o principios fundamentales y respaldarlo con fondos suficientes, mientras el poder ciudadano, a cargo de los gobiernos seccionales, para efectuar las actividades, también con fondos suficientes, pero coordinando con las entidades públicas y privadas locales.

Lamentablemente el centralismo quiere organizar directamente las actividades locales, olvidando su misión de establecer principios, mientras las entidades locales las cumplen, desordenadamente y de modo restringido.

Los autores de libros, por ejemplo, deben golpear puertas para publicar sus obras, y, en el mejor de los casos, alguna se hará por nexos de amistad o parentesco, o, en el peor de ellos, el autor difícilmente financiará con sus propios medios. Los propios directivos de orquestas y coros deben publicitar sus presentaciones para lograr la asistencia de un público razonable, incluso con presentaciones gratuitas. Las artes escénicas difícilmente cuentan, salvo excepciones, con apoyo institucional.

Las exposiciones pictóricas, como las ferias de libros, venden pocas obras. El viacrucis que deben vivir los directores y productores de cine con sus equipos humanos, para producir y divulgar sus películas, es lamentable.

Si a lo anterior se agrega que las expresiones artísticas corresponden a cada cultura, es decir a los usos, costumbres, lengua, creencias, conocimientos, etc., de cada grupo comunitario, el apoyo central y local se torna más complejo porque generalmente responde solo a la cultura dominante. Para lograr un mundo armónico intercultural, las políticas y apoyos centrales y locales deben responder a estos requerimientos.

Las expresiones artísticas de la cultura deben contar con empresas o fundaciones públicas locales, de funcionamiento y financiamiento autónomo, de otro modo continuarán en la orfandad. (O)