Cuba y Brasil

- 09 de enero de 2019 - 00:00

Hace 60 años triunfó la Revolución cubana. Sus líderes supieron conducirla con valentía e inteligencia, en un marco de apoyo y solidaridad internacional. Resistió invasiones y toda clase de atentados, sobre todo el criminal bloqueo impuesto por EE.UU., que atenta contra todo derecho humano y viola el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos.

La Asamblea General de la ONU, a lo largo de décadas, lo ha condenado masivamente; en los últimos años solo EE.UU. e Israel han votado a favor. A pesar del enorme impacto económico del bloqueo, ha avanzado en muchos campos, superando a grandes países, convirtiéndose en potencia mundial, en el ámbito de la salud, el deporte y la educación. La OMS, Unesco y otros lo reconocen. Cuba, aun con sus limitaciones económicas, apoya a muchos países y ha concedido centenares de miles de becas a estudiantes del mundo entero. En Cuba, nadie muere sin atención médica y no existe mortalidad infantil.

Si no sufriera el bloqueo, tendría desarrollo sostenido integral. Su soberanía y dignidad son referentes para los países en vías de desarrollo del planeta. El imperio no pudo con la Revolución cubana y sigue siendo una guía para la gran batalla latinoamericana por la independencia, la democracia y la libertad.

En cambio, después de más de 60 años tras las dictaduras militares sanguinarias, vuelve a Brasil un gobierno de ultraderecha, presidido por Jair Bolsonaro, exmilitar, que ha proclamado una agenda de terror y racismo, en un marco ideológico conceptual fascista; se propone a sangre y fuego combatir a las agrupaciones sindicales, de mujeres y de izquierda. Ya pactó con Trump a través de su secretario de Estado, Mike Pompeo.

Anticipó su agenda económica de “libre mercado” y neoliberalismo que, como sabemos, significa sumisión y entrega a las transnacionales, paquetazos del FMI, pérdida de soberanía, privatizaciones y saqueo de la riqueza nacional.

Su línea es de aversión y odio a la “ideología” de la mujer, busca liberalizar el uso o posesión de armas; se alinea en la “guerra” contra Venezuela y Cuba. Por algo Trump exclamó: ¡EE.UU. está contigo! y el pueblo brasilero lo califica como el “Trump tropical”. América Latina debe estar alerta. Este presidente es un peligro. Sus posiciones fascistas no las oculta. Es claro el contraste entre Cuba y Brasil, el gigante de América Latina. (O)