Cruel condena

- 03 de octubre de 2018 - 00:00

La etiqueta de esta jam-session se acomoda a la mayoría de las ciudades de Ecuador, país rocolero. La ciudadanía evoca tiempos de bisabuelos cuando, sin las estridencias inútiles de ahora, las pequeñas ciudades eran vecindarios y el acto comunitario concluía en solidaridad de familias.

El maestro Jorge Enrique Adoum economizó tiempo y literatura con la sentencia: “La nostalgia es un sentimiento reaccionario”. Agua corta filosófica para este tiempo preelectoral y estas larguísimas expectativas populares: anhelar lo mejor de aquellos tiempos para habitar nuestras ciudades. Al justificado desaliento se lo combate con el “agarra lo que puedas” caciquil.

Es el probable regalito navideño (bastante basura plástica y bastante material azucarado) demandante de compromisos muy básicos y sin contrapartida responsable del cacique del siglo XXI. Ciudades y provincias cruelmente condenadas a la incapacidad de aquellos, hombres y mujeres, que creyéndose dueños de voluntades y territorios, vuelven a postularse o aparecen como clones. ¡Exacto, más y peor de lo mismo!

La cantidad de ciudades ecuatorianas con ningún axê o, como diría Mike Davis, con el peor feng shui, supera con mucho a aquellas en las que sus alcaldes hicieron su trabajo. Y esos cromos vuelven por nada y como si nada a pedirnos elección o reelección. Un día no nos asombraremos si empieza a llover hacia arriba.

Caben preguntas marxo-freudianas: ¿electorado reaccionario o sadomasoquista? ¿O la expresión tragicómica de la pésima educación ministerial? Respuesta: malaire electoral de las tundas políticas ambulantes (El 18 Brumario de Luis Bonaparte, K. Marx, p. 8, en pdf). Versión afroecuatoriana de Esmeraldas e ídem con respecto a S. Freud: la mala memoria nos devuelve al olvido. En referencia a la educación, este jazzman cree que se superan algunos problemas.

En las elecciones locales y provinciales de marzo de 2019 las decisiones deberán ser radicales: o somos jodidas estatuas de sal o nos liberamos de los espectros políticos. (O)