Colón, el chivo expiatorio

- 13 de noviembre de 2018 - 00:00

Resulta que las autoridades de la ciudad de Los Ángeles (Estados Unidos) han decidido expiar viejas culpas retirando una estatua de Cristóbal Colón, ya que representa el genocidio de los pueblos originarios.

¿Pero es esta la forma más adecuada de hacer cuentas con la historia de los pueblos indígenas de los Estados Unidos? No lo creo. Se trata, en mi opinión, de un conveniente chivo expiatorio. No porque Colón deba ser absuelto por la historia. Gran navegante, carismático líder y aventurero, fue también un pésimo administrador y un político sanguinario.

Sin embargo, su conducta no solo le valió una sanción por parte de los Reyes Católicos, sino que también le significó, de ahí en más, su exclusión de la política de Las Indias. Más aún –y quizás esto sea lo más importante–, el genovés jamás pisó suelo norteamericano. Por ende, Colón no es responsable de una sola gota de sangre derramada en dichos territorios. Fueron los impertérritos conquistadores ingleses, mucho más severos que los españoles, los que arrasaron con buena parte de la población indígena.

Fueron ellos los que despojaron a los pueblos originarios, los que, además, vieron al mestizaje como una afrenta. Pero no solo eso, sino que, después, fueron los propios líderes y exploradores estadounidenses, en la Conquista del Oeste, los que diezmaron a la población nativa: la mataron, la desplazaron, la dejaron morir de hambre y frío y finalmente la recluyeron en reservas. Para no hablar del destino de los criollos hispano-mexicanos (vistos como inferiores por sus pares anglosajones) cuyos territorios fueron extirpados.

Si de verdad quisieran hacer cuentas con la historia, otras estatuas dispersas por los Estados Unidos deberían caer: las de aquellos directamente responsables de la matanza, de la hambruna y del desplazamiento. La historia de varios políticos y otros héroes norteamericanos debería ser reevaluada. Ello implicaría, por supuesto, estar dispuestos a realizar un giro radical en la forma en que este problema se ha afrontado. Implicaría desempolvar viejos libros, enterrar antiguos mitos, algunos fundacionales. Pero claro, parece que no muchos estarían dispuestos a hacerlo.

Colón sirve, entonces, para lavar algunas conciencias, mientras en las fronteras, la alta política se regodea en el patrioterismo y encarcela y enjaula a algunos de los mestizos, hispanos y amerindios, que buscan llegar a los Estados Unidos (de América, claro está). (O)

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