El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Lun.19/Abr/2021

Columnistas

Tendencias
Historias relacionadas
Mariana Velasco

Crispación social

31 de marzo de 2021 00:00

Ecuador no ha sido inmune a la degradación creciente de la política, con dirigencias obsesivamente ocupadas en la elección de abril y en peleas menores mientras crecen la pobreza, corrupción, atraso y miles de muertes. La escala de prioridades parece al revés o, peor, inexistente sobre todo cuando la pandemia resultó una magnífica oportunidad propagandística.

Es imperdonable que los políticos privilegien sus disputas por encima de las necesidades de las mayorías. A los errores de la gestión de la pandemia, se suman décadas de mala gobernanza. Probablemente se podría achacar al desbarate estructural de la salud pública pero también es el juego peligroso cuando episodios de abuso y amiguismo o las agendas políticas VIP de quienes están al mando se interponen entre la vida y la muerte de la población.

Estos son momentos de alta política, y alta política ahora es vacunar pronto a los 17 millones de ecuatorianos. Los míos, los tuyos, los ajenos, ricos y pobres, porque cuando se trata de salud pública en una pandemia, la ideología es una: socializar beneficios.

Los hechos y la evidencia sugieren que una campaña masiva requiere del aparato burocrático con apoyo de voluntarios de la sociedad civil porque el Estado es un elefante -fofo y hambreado - y necesita gimnasia. Por eso es indispensable el factor humano para moverlo.

Hay un severo bloqueo y la crispación social que nos asolan podrían sin duda atenuarse si intentamos ver a los “otros” no como seres despojados de ideales, valores y razones legítimas, aunque consideremos que están equivocados desde nuestro particular punto de vista.

Los especialistas en gestión de conflictos señalan que el primer paso para resolverlos tiene que ver con la construcción de un panorama compartido del problema. Es decir, reconocernos, ponernos de acuerdo sobre las razones de unos y otros. Y a partir de ese mosaico, tratar de ordenar las piezas y buscar acuerdos mínimos. Hace falta dialogar.

Los ecuatorianos estamos obligados a convivir, aunque tengamos profundas diferencias, desconfianzas o malentendidos. Somos una nación plurinacional, grupos sociales, ideologías y maneras de vivir, consideradas como riqueza que requiere un esfuerzo de todos para escuchar y respetar al diferente. De eso depende el futuro de nuestra casa grande.

El aumento de la tensión podría explicarse en cierta medida por la heredada polarización  y la incapacidad de las dirigencias en pugna para sentarse a conversar sobre sus visiones divergentes acerca de los conflictos que nos han llevado al impasse, que va más allá de un pro o anti correísmo. La sociedad sigue en espera de ese simple gesto de sus dirigentes.

Resulta evidente que no se podrá encontrar una salida sin que los actores involucrados acuerden, ya no, una visión común del problema sino algunos procedimientos que contribuyan a canalizar y dirimir pacíficamente las divergencias. Esto parece inevitable, ninguno de los sectores en conflicto tiene por sí solo la capacidad de encontrar una solución. Urge cohabitar y para ello mirándonos de frente, dialogar y no replicar lo que se vivió en el set de un canal de televisión. (O)

Te recomendamos

Las más leídas