Coyuntura política y agenda

- 08 de abril de 2015 - 00:00

En tiempos de revolución, la restauración conservadora y la conspiración que comanda EE.UU. están de moda. Lo de Venezuela es clarísimo. Obama, en oposición a la posible reapertura de relaciones con Cuba, tras medio siglo de criminal bloqueo, violenta una vez más, descaradamente, los principios de no intervención y libre determinación de los pueblos, buscando reforzar la acción de la oligarquía de ese país.

Esta decisión abusiva provocó una reacción mundial, que comenzó unánimemente en los bloques de Unasur, Alba y Celac y continuó con los países del Grupo de No Alineados (142 en total). A ello ha contribuido Ecuador, lo que se confirmará en la próxima Cumbre de las Américas en Panamá, que contará esta vez con la reclamada presencia de Cuba y en la que Venezuela entregará diez millones de firmas de rechazo al decreto imperial y millones de ciudadanos de otras latitudes.

La agenda de los pueblos se actualiza y en América Latina se refuerza la organización popular, las alianzas de fuerzas progresistas políticas y sociales y de sectores empresariales, que buscan defender la producción y recursos nacionales, en medio de una geopolítica mundial voraz con fuerte hegemonismo unipolar de EE.UU., con el apoyo de la UE y Japón, y la lucha de los pueblos por un mundo  multipolar, en la que juegan importante rol los países del grupo Brics, que incluye a Rusia y China.

La derecha debe ser enfrentada con la ejecución de la agenda del cambio, que en Ecuador debe pasar por la organización democrática y acción política permanente de AP, así como la puesta en marcha del Frente Unidos, CUT, Alianza Indígena, Afrodescendiente y Montubia, Red de Maestros y Confederación de Servidores Públicos, cuasi paralizadas, tras su exitoso nacimiento.

Las fuerzas bolivarianas, alfaristas y socialistas que apoyan el proceso de Revolución Ciudadana, desde sus inicios, tomaron en serio el gran objetivo del socialismo y luchan por una organización política sólida que, más allá de la acción electoral, coadyuve a construir el poder popular y el Estado democrático, necesarios para el progreso social con el cambio de la matriz productiva, que supone desarrollo industrial diverso y la organización de la ‘economía del conocimiento’, para lo cual el país ya cuenta con la infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria, hidroeléctrica y petrolera, y pronto el desarrollo de la petroquímica con la nueva refinería.

La derecha busca sabotear el proceso. Para ello tiene a Lasso y la banca por un lado y a la troika Nebot, Rodas y Carrasco, por otro; que han negociado el apoyo de la ‘izquierda’ pro derecha del MPD y PK, de renegados sueltos y gremios empresariales. En cualquier momento, por orden de los gringos, se fusionarán.

Frente a ello, la Revolución Ciudadana debe cumplir su agenda y aprobar la Ley de tierras, que debe señalar límites a la propiedad, liquidando el latifundio improductivo; las reformas laborales y el nuevo Código de Trabajo y la nueva ley de Seguridad Social, que garantice derechos de  afiliados y jubilados, con bases técnicas y sociales claras.