Corruptores y corruptos

- 08 de septiembre de 2019 - 00:00

Recordaremos por siempre la descomunal perogrullada: “… yo si sé quién es el corruptor, el corruptor es Odebrecht”. La frase corresponde al ex fiscal general Galo Chiriboga, quien indicaba que la que corrompía a los funcionarios del Gobierno era la compañía brasileña Odebrecht.

La insulsa obviedad no desvanece la realidad de que los corruptores son exitosos cuando hay corruptos y, en el gobierno de la Revolución Ciudadana, los hubo por cientos, quizás por miles.

Con el tiempo, la trama de la corrupción transnacional de Odebrecht se fue conociendo gracias a que, quien puso el dedo en la llaga fue el Departamento de Justicia de Estados Unidos, a través de su fiscal general, Loretta Lynch, quien, el 21 de diciembre de 2016, denunció las coimas que Odebrecht pagaba en América Latina y que en Ecuador fueron de algo más de $ 32 millones.

Con el caso Sobornos 2012-2016 hemos podido ver que los “corruptores” no solamente eran los de Odebrecht sino al menos una decena de compañías que se beneficiaban de la concesión de obras, adjudicadas a dedo, a cambio de aportes a la campaña de Rafael Correa y a las campañas de los candidatos de gobierno para las elecciones seccionales.  

Al ver resultados de las investigaciones, la indignación nos desborda cuando conocemos que han sido al menos 157 obras las que fueron adjudicadas, dolosamente, a contratistas que se beneficiaron por su “generosidad” con el régimen de Correa.  ¡Qué vergonzosa realidad la de nuestro país!

En esta vorágine de corrupción es difícil distinguir entre corruptores y corruptos: contratistas y funcionarios de gobierno. Ambos se roban nuestra plata.

Es indispensable que la conciencia colectiva repudie con vehemencia a aquellas empresas, privadas y transnacionales, corruptas e infames, que han sido parte de esta trama y que la sanción para ellas sea ejemplar.

Esperamos que la cárcel sea el destino de corruptores y corruptos. Lo esperamos con ansias. La justicia tiene la palabra. (O)