Dame pan y llámame tonto

- 20 de junio de 2019 - 00:00

Es un adagio que lo aprendí recientemente en España, de hecho es andaluz y muy antiguo, pero que refleja muy bien lo que ha pasado con nuestro pueblo y los gobiernos populistas. Hemos sido engañados: sí señor, pero lo hemos aceptado alegre y deportivamente, pues el pan que nos han dado nos ha encantado.

Es un pan que se ha hecho presente de muchas maneras: la libre importación que volvió comerciantes a los industriales, pues era más cómodo mercadear que producir; que nos volvió consumistas, anhelando lo importado y despreciando lo nacional; que nos hizo aceptar obras innecesarias, pues había que mejorar la infraestructura, sin importar si era o no necesaria; que nos hizo ambiciosos y no con la sana aspiración de mejorar nuestro nivel de vida, sino con la desmedida búsqueda de conseguir de todo y lo más rápido posible: y por supuesto, nos hizo aceptar la corrupción, pues mientras te den pan, no importa de dónde venga ni cómo lo hagan los políticos.

Y hemos aceptado que nos llamen tontos, no textualmente con esas palabras, pues los políticos populistas se cuidan mucho de no hacerlo directamente, pero con sus acciones claramente nos han hecho los tontos por décadas.

Lo peor es que cuando enfrentamos la realidad de crisis, endeudamiento, obras inconclusas, instituciones públicas y privadas y hasta universidades emblemáticas en manos de corruptos, y vemos la necesidad de un cambio radical, pues no podemos continuar de esa manera, nos da miedo tener que pagar una factura muy alta por el pan que nos dieron y por el cual nos hicimos los tontos. Pero no hay más alternativa. Los norteamericanos dicen: “No hay almuerzo gratis”, y tienen razón. No podemos aceptar que nos mientan ofreciendo pan gratis y subsidiado, a costa de que nos llamen tontos. ¡Ya no más!

El pan tenemos que ganarlo, y eso demanda que tendremos que trabajar muy duro en la próxima década para estabilizar sensatamente la economía. Y esa será la única forma de probar que realmente el pueblo es sabio. Tendremos que volver a producir y aprender nuevamente que lo nacional es bueno. Y sobre todo, tendremos que librarnos de los corruptos de nuestras instituciones y de nuestra sociedad. Y a mi edad he aprendido que no necesariamente todo tiempo pasado fue mejor. (O)