Corrupción e ideología

- 26 de noviembre de 2018 - 00:00

Capitalismo o socialismo, jamás solucionará el problema de las sociedades corruptas. Hemos pasado más de siglo y medio discutiendo cuál es el Estado con la ideología ideal y seguimos de traspié en traspié, acercándonos a un colapso irreversible.
Creo es hora de cambiar el enfoque de la discusión y centrarnos en lo más evidente: la corrupción.

Existen dos tipos de gobiernos y Estados: corruptos y no corruptos. Los primeros, en los que las instituciones están tan dañadas que son centros de camuflaje para protegerse entre corruptos, tanto nacional como internacionalmente; los segundos funcionan de mejor forma, sin embargo los corruptos se dan formas para subsistir hasta que caen en manos de la justicia.

Los Estados corruptos pueden ser capitalistas o socialistas. Los corruptos capitalistas forman grandes oligopolios para ir a donde puedan extraer recursos abundantes con mano de obra barata y cautivar mercados a través de la tecnología alienante.

Los corruptos socialistas se convierten en “capitalismo de Estado” y extraen toda la riqueza para ellos y sus adláteres, manteniendo a sus insulsos seguidores en pobreza extrema escondidos en una utopía barata y anacrónica.

Los no corruptos capitalistas son quienes siguen las reglas de juego, cumplen con sus trabajos, pagan los impuestos y sostienen una sociedad más justa con una producción que recompensa la meritocracia. Esta clase media es la que mantiene Estados y naciones exitosas.

Los no corruptos socialistas, son soñadores marxistas que creen a fe ciega en la posibilidad de una sociedad equitativa y justa; de cafetín en cafetín y de universidad en universidad aún gritan y atizan a sus seguidores hasta que llegan al poder y se corrompen, claro con escasísimas excepciones.

Lo único que nos puede salvar es una institución transparente de jerarcas comprometidos con la verdad, que vigilen y denuncien permanentemente el camino torcido que pueda darse en cada gobierno; algo así como la Comisión Nacional Anticorrupción y dejarnos ya de la aburrida y disonante discusión entre derecha e izquierda. (O)

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