Construir la república democrática

- 06 de enero de 2019 - 00:00

El modelo de Estado republicano lo ha sido del Ecuador prácticamente desde que nació en el siglo XIX. En él rigen separación de poderes, respeto a los derechos y, sometimiento del poder al pueblo y al Derecho; una república solo opera óptimamente en democracia.

Nuestro país se encuentra en un proceso de reinstauración de los dispositivos esenciales de la república. Trabaja para rescatar la institucionalidad y el desempeño del poder en equilibrio, para dejar atrás el aciago estilo impuesto por el régimen anterior.

La separación de poderes denota trabajo coordinado de los ámbitos: ejecutivo, legislativo y judicial –según Schmitt, cultor del realismo jurídico, adscripto al nacionalsocialismo alemán-. Se alude, así mismo, a la teoría de los pesos y contrapesos –Madison, en los Estados Unidos-, explicada en la idea de que el poder debe distribuirse entre varias instituciones de gobierno, para que ninguna de ellas abuse de otras.

De la separación de poderes dependen los derechos y el sometimiento del poder a la voluntad ciudadana y a las leyes. En Ecuador actual el tema es enrevesado, según la Constitución, hay cinco poderes, contando al electoral y, al de participación ciudadana y control social. Este diseño institucional inconsulto, que tendrá que ser corregido por una nueva Asamblea Constituyente.
Con insufrible estilo, el gobernante anterior se esforzó en hacer tabla rasa de la separación de poderes, incluso sostuvo alguna vez, con cinismo, que detentaba la jefatura del Estado y de todos los poderes.

Tan pobre concepción de la democracia y de la institucionalidad que él tenía, le permitió allanar la ruta para concentrar autoridad y abusar de ella, imponer sus verdades, apropiarse de la justicia, gozar de impunidad.
Para no repetir estos episodios tan vergonzosos de nuestra historia reciente, debemos comprometernos a apoyar los procesos en marcha y así sentar las bases de una verdadera y vigorosa república democrática. (O)