¿Ceder soberanía a Colombia?

- 25 de julio de 2018 - 00:00

Ya vemos que la derecha está más feliz que nunca porque, a decir de sus partidarios, lo que propuso y ha sido su programa de gobierno, se está cumpliendo paso a paso. No les cabe más felicidad, pero de eso a llegar a afirmar que el problema en la frontera con Colombia pasa por “un convenio sobre la mesa con Colombia, para decirle: señores, este problema es de ustedes, no puede afectar a Ecuador, se puede establecer una zona de territorio ecuatoriano donde Colombia pueda intervenir para obtener logros importantes en materia de impedir el avance de la narcoguerrilla” (Jaime Nebot, https://bit.ly/2Lymrw1), es una total insensatez. Pensar que ceder soberanía contribuiría a la solución del conflicto en la frontera es no comprender el problema estructural de la violencia en Colombia o intencionalmente no decirlo para vender una idea que claramente necesitaría de un “garante” tutelador en la frontera en las dimensiones tecnológicas, de inteligencia y de inversión “social” focalizada. Y ese garante bien sabemos cuál es, nada más ni nada menos que el gran vecino del Norte, tan lejos y tan cerca de las élites nacionales que sueñan con convertirse en los conductores de un país totalmente abierto, con un Estado al mínimo, sin regulaciones de ningún tipo. Asociado a la Alianza del Pacífico y, por supuesto, que las élites colombianas tengan control de ese Sur que han menospreciado históricamente. Es difícil de aceptar cómo de manera tan suelta se propone que cedamos nuestra soberanía para que el militarismo colombiano tome control de ese territorio e imponga su ley, precisamente, esa que nunca les ha interesado, ya que es un gran negocio hacer la guerra a quien sea. Hoy más que nunca nos vemos viviendo ese eterno retorno de unas élites que ven su gran oportunidad para que lo que nunca quisieron que cambie en este país, vuelva a convertirse en política pública. Se convierta en la plataforma y base de la próxima elección presidencial y de por medio unas elecciones locales en las cuales el clientelismo restituya el poder local que perdieron desde 2007. En medio del mareo social, ya veremos si la política de “descorreizarlo todo” aguanta para justificar la entrega del país a los de siempre. Y por cierto: ¿Dónde está la “izquierda” pura, casta y virginal? ¿Aquella que decía odiar el Estado, el capital y el poder, pero supo bien, largas décadas, vivir en concubinato con la partidocracia? (O)