Caterva de cómplices

- 06 de mayo de 2018 - 00:00

Utilizando estos términos, el presidente del Consejo de Participación Transitorio, Julio César Trujillo, se refirió al actual presidente del Consejo de la Judicatura, Gustavo Jalkh. Literalmente le dijo: “Jalkh y toda su caterva de cómplices de la violación permanente de los derechos humanos no nos van a detener. Cumpliremos el encargo del pueblo pase lo pase, suceda lo que nos suceda”. ¿A qué encargo se refiere Trujillo? ¿Qué podría detenerlos?

La historia política de Ecuador está harta de eventos vergonzosos. Como aquel después del referendo de 1994, celebrado durante el gobierno del presidente Sixto Durán-Ballén, que consultó sobre la participación electoral de independientes, sobre la prohibición en la disposición de partidas presupuestales a los legisladores o sobre la reelección indefinida, una coalición socialcristiana-roldosista se opuso a los mandatos soberanos del referendo arguyendo que la voluntad popular tiene efectos declarativos y que no es de cumplimiento obligatorio.

Hoy, casi un cuarto de siglo después, una mayoría igualmente conservadora y populista, compuesta por correístas y morenistas, intenta desconocer el mandato soberano dictado por la voluntad popular el 4 de febrero de 2018 para evaluar a los principales órganos de control, para destituir a las autoridades ineficientes o corrompidas y para reemplazarlos en sus cargos.

Los enemigos de las libertades siempre cometieron el mismo error por su falta de luces. Confunden el poder constituyente del poder constituido. Mientras el primero es el origen de todo poder y se radica en la voluntad popular, el segundo se organiza en instituciones públicas por orden del primero.  El primero somete al segundo, no al revés. Pero los socialcristianos y roldosistas en 1994, como los correístas y morenistas en 2018, lo ignoran y todos pagamos por esta necedad. Es simple: ningún poder constituido puede fiscalizar la voluntad popular. (O)