Ayuda memoria del caso Glas

- 24 de noviembre de 2018 - 00:00

Imaginemos algún visitante en el país, ajeno de nuestro reciente pasado, enterándose en su estadía del acontecer político de las últimas semanas.

A él le llegarán declaraciones de los defensores de Jorge Glas calificándolo de “preso político”. Escuchará que mantenerlo en la cárcel de Latacunga afecta a sus derechos humanos y a lo mejor atenderá alguna entrevista donde allegados al presidiario denuncian tratos “humillantes”, como el vestirlo con el traje de las PPL o destinarlo al médico que atiende a todos los presos del lugar.

Antes de que forme un juicio errado este visitante, habrá que informarle que Jorge Glas guarda prisión por haber facilitado, en su calidad de Vicepresidente, la corrupción en el ámbito de sus responsabilidades. Que el reo Ricardo Rivera, tío y socio de Glas, se encargaba de recaudarle lo mal habido.

Hacerle saber que en el gobierno del recluso se propugnaba toda igualdad en los ecuatorianos, por lo que el no brindarle un médico para su exclusiva asistencia fortalece uno de sus postulados. Sobre la cárcel de Latacunga, indicarle también que Glas y su grupo, cuando eran poder, se enorgullecían del lugar como una de las mejores cárceles construidas por ellos.

Tampoco estará de más darle al visitante detalles del tipo de justicia que se tenía en el gobierno del cual Jorge Glas fue parte, a través de dos casos: el de Galo Lara y Jorge Glas padre. Se le contaría que al extraditar a Lara, opositor tenaz del exvicepresidente y secuaces (Rafael Correa a la cabeza), se lo expuso tal bestia salvaje ante todo el país esposado de manos y tobillos en traje de PPL.

Sin reparo alguno se ensañaron contra el exlegislador Galo Lara, su pareja y una criatura en gestación. Diferente trato al brindado a Glas padre: extraditado por violación a una menor de edad, al cual nunca lo expusieron y protegieron recluyéndolo en una habitación de hospital.

Con este tipo de ayuda memoria toca enfrentar el intento de embauque de los correístas, para no olvidar jamás el ignominioso paso de ellos por nuestra reciente historia. (O)