Carlos Larreátegui Mendieta

- 04 de marzo de 2020 - 00:00

Después de una vida entregada al servicio público, a la cátedra y a la investigación falleció el doctor Carlos Larreátegui Mendieta.
Nació en Loja en 1918 y actuó como docente en los colegios Mejía, Americano y la Universidad Central del Ecuador. Desempeñó con eficiencia varios cargos públicos, entre ellos el rectorado de la Universidad de las Américas (UDLA) y la Procuraduría General del Estado.

Tuve el honor de ser su alumno en la mencionada universidad, en la década de los setenta. Aprendí de él su sencillez, su experticia en la lógica jurídica, su humanismo y sabiduría para plantear el estudio de las instituciones jurídicas desde sus raíces: el derecho romano.

Como tratadista infundió en sus estudiantes el espíritu de la investigación, la rigurosidad en el tratamiento de las ciencias jurídicas y la ética como estrategias para conocer y aplicar el derecho. Fue un tribuno destacado, gracias a su autoridad intelectual en la doctrina y la jurisprudencia.

Su dominio de la lógica, con Aristóteles y Sócrates, así como el conocimiento del latín y griego, imprimió en su magisterio de excelencia nuevas formas de expresión al ejercicio docente. Pero no solo fue la cátedra imbuida de notables aportes en contenidos y metodologías, que denotaban una gran preparación académica, lo que distinguió al doctor Larreátegui: fue su condición humana, altruismo y capacidad para resolver problemas complejos de la sociedad ecuatoriana.

Carlos Larreátegui Mendieta contribuyó como docente en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, en la Facultad de Jurisprudencia de la UCE, así como en las escuelas de Periodismo y Ciencias Internacionales. Fue ministro de Educación, vocal de la comisión jurídica que redactó la Constitución, en representación de las Cámaras de la Producción; diputado y senador.

Sus publicaciones se inician con La Teoría de la Ciencia Lógica y Principios de Ética Social, dos referentes importantes en su trayectoria como tratadista, constitucionalista y orador de fuste. Las enseñanzas de Larreátegui son inmarcesibles. Ecuador le debe un homenaje póstumo: al menos la denominación de una calle o avenida en Quito. (O)

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