Carlos, ¡la basura!

- 05 de febrero de 2019 - 00:00

Reconozco que los psicoanalistas somos personas extrañas. Tenemos en común la afirmación de la existencia del inconsciente en la psique humana como determinante de nuestras acciones, pero en el planteamiento de este y en la afinidad con distintos autores, nos caemos bien o mal.

Algunos más mal que bien y otros a duras penas nos aguantamos. Sin embargo, al final del día podemos tomarnos una cerveza y congeniar en que hay discursos perversos que nos hacen la vida imposible a todos por igual. Ahí radica la franqueza que hoy en día es vista de manera rara. Aunque no recuerdo que haya sido bien vista alguna vez, en primer lugar, porque ofende.

La cortesía, la educación y la franqueza –a veces tosca– ofenden, no a todos, pero sí quizás a la mayoría de engañados. Hubiera querido escribir esta vez sobre el principal problema a resolver de los Alcaldes venideros: la basura. Y también me hubiera gustado titular este artículo algo así como “Alcaldes: ¡la basura!”. Probablemente una trampa semántica que pocos aceptarían, en eso reparé que traería inconvenientes y desistí de la idea.

Pero es como el grito que daba mamá cuando pasaba el camión: “Carlos, ¡la basura!”, para sacarla y resolver el problema del desperdicio que en casa ya molestaba. Al fin todo resuelto, nos deshacíamos de lo apestoso y no pensábamos más en su paradero. Vaya irresponsabilidad.

Ecuador como país que eufemísticamente se llama “En vía de desarrollo”, es altamente contaminante. Ahora que lo pienso, los Alcaldes tienen un reto y uno de ellos es implementar un sistema de tratamiento de desperdicios y también educar a la sociedad (sin mentirle), no a punta de rejas como a animales, sino sistemática y permanentemente con juegos y multas, ya que somos una sociedad infanta que hace lo que quiere.

Parece normal que de nuestra basura no queremos saber nada. Nos desentendemos de ella, la ignoramos, “que otro se encargue”. Esa basura es la metáfora de nuestros problemas personales, nuestra hipocresía, nuestro inconsciente. (O)