Cansados de lo mismo

- 07 de diciembre de 2018 - 00:00

La salida de María Alejandra Vicuña era algo que se aventuraba cierto. Para atinar lo que se venía bastaba con sopesar el arrojo en solitario del canal de televisión que hizo la denuncia, el coro que inmediatamente le hicieron ciertos actores políticos demandando la salida de Vicuña y algo que honestamente no deberíamos dejar de observar: las revelaciones periodísticas -frescas antes del caso Vicuña- que dejaron mal sitiado al presidente Lenín Moreno por el menaje despachado para él –así por lo menos se ha reconocido- desde empresas vinculadas con un intermediario de grandes contratos del Estado a favor de empresas poco éticas y de voraz apetito. Esas revelaciones quedaron sepultadas por el caso de los diezmos.    

Ciertamente que la renuncia de Vicuña es algo que solo los familiares y sus beneficiarios de empleos públicos podrán lamentar, pero eso no impide abrir la envoltura de lo sucedido y procurar ir más allá de lo que a primera vista se nos mostró. En esa línea resalta la forma en que el canal de televisión presentó la denuncia, sin recoger la versión de la otra parte, sin el mínimo contraste, algo elemental en el periodismo, por más delincuente o culpable que a primera instancia al denunciado se lo vea. ¿Por qué, cuando la denuncia apuntaba a un cargo tan alto y solo se sostenía en declaraciones juramentadas? La respuesta: los reales motivos solo los directivos y el verdadero dueño del canal lo saben.

Lo otro son las relaciones del actual mandatario con quienes se beneficiaron o participaron activamente en la década robada. Al mantener activos esos lazos, en el ámbito del espacio público, deja en tela de duda su declarada lucha contra la corrupción. Tela de duda que se acrecienta cuando recordamos cómo corruptos se fugan fácilmente, otros siguen tranquilos en el país o en el extranjero y, hasta la vez, ni un dólar de lo robado regresa a las cuentas del Estado. Resultado de esto es una ciudadanía cansada de algo que cada vez se parece más a un sainete que a una verdadera revolución ética. (O)