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Ecuador/Jue.5/Ago/2021

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Grace Margarita Jiménez

Bukele

25 de marzo de 2021 00:00

El Salvador está situado en Centroamérica y es uno de los países más pequeños del mundo, su calidad de vida es bajo a comparación de otros países en el mundo por lo que se encuentra en el puesto 85 en el ranking Doing Business por su nivel de inversión. Un país que ha soportado una guerra civil y una pandemia que ha dejado cerca de 500 mil desempleados y que, este 28 de febrero se jugó su futuro.

Participaron diez partidos, dos de ellos, la coalición del partido de Gobierno; Nuevas Ideas con N de Nayib fue quien se llevó cerca del 75% de los escaños para conformar la Asamblea Nacional, 151 Alcaldías, la más importante San Salvador, que es la capital del país; y quince del Parlamento Centro Americano, haciéndose acreedor del poder absoluto dentro de los poderes del Estado.

Los resultados del 28F son producto de un cambio, donde la gente eligió a quienes lo cuidaron durante la pandemia y rechazaron la vieja política que había gobernado durante 30 años – Arena y FMLN- y que ahora han perdido su legitimidad ante el pueblo salvadoreño, quien acudió a las urnas masivamente para ejercer su voto.

Con este poder absoluto, el Presidente Bukele tiene la capacidad para impulsar reformas importantes para el país. Incluso, plantear la relección indefinida, conociendo que solo permiten un periodo de gestión para el cargo de Presidente; y otros temas importantes como la elección de la cuarta parte de la Corte Suprema de Justicia, generando un temor entre sus adversarios aduciendo que podría convertirse en un Gobierno autoritario y quedarse años en el poder. Pero, por otro lado, le da esa oportunidad a Bukele de proponer un cambio sustancial y permanecer con ese casi 80% de aceptación que tiene en la actualidad.

Su nombre no estuvo en las papeletas, sin embargo, su perfil y la estructura comunicacional se notó en cada mitin de Nuevas Ideas, con un discurso fresco y emotivo hacía un llamado a votar por un cambio. Con una narrativa de “los mismos de siempre” se desvinculaba de ese pasado y afirmaba la institucionalidad desde su llegada al poder. Enfatizaba y polarizaba su discurso ético moral donde ellos representaban a los buenos y los otros a los malos comparando la democracia con la guerra civil.

Bukele es la expresión de la nueva derecha latinoamericana con una estructura comunicacional muy generacional y un relato de salvador pero será suficiente para gobernar un país – que al igual que el resto del mundo – busca una salida rápida al tema del Covid. (O)

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