Buen morir y testamento vital

- 18 de abril de 2019 - 00:00

Las enfermedades en fase terminal comprenden aquellas que ya no disponen de curación y la muerte es inevitable, y además inclemente cuando se acompaña de dolores terebrantes.

El dolor que en un inicio es un síntoma, parte de una enfermedad, se convierte en tortura, sufrimiento, calvario, sumándose más tarde la pena y la angustia. También pena y angustia para la familia y allegados, que miran de cerca el deterioro fatal del pariente agonizante.

La medicina se ha destacado por salvar vidas y establecer el buen vivir; lo hizo con denuedo y pasión. Mas, descuidó inocentemente el derecho a morir en forma humana y digna. Es decir, el buen morir.

Abundan las atenciones paliativas, físicas, psíquicas y espirituales, bajo la consigna de que no tenemos el derecho a quitar la vida a un semejante. Y hasta podemos procurarle vida artificial permanente cual vegetal, hasta cuando decida el familiar más cercano. ¿Y cuando el infeliz agonizante no tiene familia?

Frente a la muerte asistida o eutanasia, instaurada en varios países europeos y americanos y calificada como injusta, antinatural, despiadada, surge el “Testamento vital o Voluntad anticipada” que en forma metafórica otorga al doliente el derecho a expresar libre y anticipadamente el deseo de recibir o rechazar los cuidados que alarguen su vida y a decidir en forma cognitiva el momento de su muerte. Un testamento u otorgamiento a los facultativos de poner fin al suplicio que ya no puede llamarse vida.

Se espera que el proyecto del Código de Salud (COS) sea atendido con justicia y lucidez en el segundo debate en el pleno de la Asamblea, en favor de los pacientes afectados de enfermedades terminales.

Favorecer al individuo y su familia al margen de preceptos románticos, otorgándole bienestar que finalmente trasciende en toda la población. (O)

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