La aventura de Ramiro Cueva

- 20 de julio de 2018 - 00:00

Indudablemente existe mucha bronca contra Rafael Correa. Alguien que se la pasó insultando y persiguiendo a cualquiera que se interponía contra tanto abuso en sus diez años de poder. Por ello nos resulta difícil olvidar -uno de tantos- el incidente del abusivo presidente yéndose personalmente contra un menor de edad, el cual, acompañado por su madre, le dio por manifestarle su bronca al que había hecho del insulto y persecución su arma recurrente.

Qué decir de los ataques contra mujeres, artistas, familias enteras, políticos opositores, periodistas incómodos, y todos los que cayeron bajo su implacable lengua y odio… Ese era Correa y así lo volvería a ser si en mala fortuna retornase al poder. De eso que no nos quede la menor duda. Pero lo fue y es él, pero no la mayoría de nosotros. Ni menos el periodismo ecuatoriano. 

Por eso me parece fuera de todo manual del periodismo lo hecho por Ramiro Cueva. A quien, de justificarlo, aduciendo como él lo ha hecho, que tan solo cumplía su actividad de periodista en el encuentro con Correa, desnaturalizaríamos de mayor manera un oficio que demanda siempre sacrificios. Como el de dejar a un lado toda bronca o encandilamiento cuando procuras hacer realmente periodismo.

Al revisar la aventura de Cueva en Lovaina, huyendo o rendido en el piso, observo a un ciudadano que en su derecho -se llama escrache- llegó a pararse frente a la casa del individuo que montó un gobierno corrupto  y represivo del cual también fue víctima. Veo al ciudadano reclamando justicia y tal vez inconscientemente vendetta en cada toma que hacía de cuanta cosa le oliese a Correa.

Eso es lo que realmente se observa en el personaje de llamativa camisa protagonista del video predilecto en la última semana. Algo que no es periodismo ni de lejos, por más que lo haga quien se presente como periodista. Situación que no he dejado de señalar en la mínima oportunidad que se presente. Procurando con ello tan solo salvaguardar un oficio al que tanto amo y del cual Cueva se le dio por olvidar en su aventura. (O)