Los asesinatos trans

- 24 de agosto de 2019 - 00:00

En menos de 15 días se produjeron dos crímenes a mujeres transgénero en Quito y a la fecha no hay una investigación formal que pueda dar pistas sobre estos hechos por parte de las instancias judiciales y policiales para dar con los asesinos.

En el último crimen, la víctima, Samantha N., llegó a su casa herida por un apuñalamiento en el parque El Ejido, pero no resistió. Aparentemente no existiría un parte policial ni habría investigación de oficio. La Policía Nacional y la Fiscalía tienen la obligación de investigar asesinatos y lo lamentable en estos casos es que no exista un protocolo o procedimiento especial para los asesinatos a personas transgénero, que por el motivo que sea, debe determinarse responsables, al ser un hecho delincuencial.

La Fiscalía debería actuar de oficio, y se reitera: no hay un protocolo de seguimiento a crímenes de odio como estos, pues no se tiene idea de si sea transfobia. Nuestros operadores de justicia deben sacudirse un poco los esqueletos y la naftalina del prejuicio, para entender que se trata de vidas humanas y que no pueden dejar en la impunidad estos temas de violencia urbana y aparentes crímenes de odio. No hay ni registros para establecer una estadística de violencia y muerte trans.

Las personas transgénero, especialmente las mujeres trans, son asesinadas dos veces en nuestro país. No solo son víctimas en la calle, donde muchas ejercen el trabajo sexual; también están expuestas a la violencia que pueda darse por parte de delincuentes y transfóbicos. Pero no es un tema de ayer, no son hechos aislados; es una constante y las autoridades, ante cualquier denuncia, por mínima que sea, deben atender los casos. No hacerlo es complicidad con la impunidad.

Y, por otro lado, lo duro de todo esto es la violencia doméstica. Por discriminación, sus familias las expulsan de sus hogares, suspenden su educación colegial o universitaria; tienen dificultad de hallar trabajo y, ante hechos así, sus familias tampoco denuncian el crimen, contribuyen a la impunidad y esconden el tema por vergüenza y discriminación a sus propios hijos. (O)