El uso de las armas

- 13 de agosto de 2019 - 00:00

Si bien las posiciones son encontradas y quienes propugnan una total preeminencia del individualismo están por la tesis de la libre venta y circulación de armas, cada vez es más amplia la evidencia de que la posesión o tenencia de armas por parte de ciudadanos perturbados o siguiendo creencias de supremacía es muy peligrosa para las sociedades.

La reciente masacre ocurrida en El Paso, Texas, que dejó una secuela de al menos 20 personas muertas y muchos heridos, nos dice de la dramática situación de las personas frente a los fanatismos.

Se han dado 38 episodios de ataques masivos en lo que va del año, solo en el territorio de los Estados Unidos, pero inclusive sociedades que han sido tan pacíficas como la de Nueva Zelanda o Suecia, han sido escenario, en años anteriores, de estas muertes de inocentes, frente al salvajismo de un sujeto armado que trata de demostrarse a sí mismo su valentía y que no vacila en acabar con vidas ajenas.

En el mundo musulmán, son frecuentes los atentados terroristas; en el planeta entero, la presencia de las armas no ha hecho más que atraer violencia y muerte, lo que nos pone a reflexionar sobre la tenencia de las armas en manos de cualquier persona que tiene la capacidad de comprarlas.

El tema se agrava porque en buena parte de los casos los individuos registraban antecedentes de vinculación con grupos extremistas o de simpatía con posiciones racistas.

Por ello bien vale reflexionar sobre el origen de las democracias, o también en el llamado Pacto Social, en el que los individuos delegan parte de sus capacidades en el Estado, el que gobierna; una de estas necesarias delegaciones es en el uso de las armas, de lo contrario volvemos a la lucha de todos contra todos, la ley de la selva y el predominio del más fuerte.

Una reflexión que también vale la pena realizar es que en la mayor parte de los casos de estos atentados masivos, los protagonistas son hombres, y que las mujeres estamos en calidad de víctimas. Si se generaliza el uso de la violencia, somos nosotras las que tenemos más que perder. (O)