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Ecuador/Mié.21/Abr/2021

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Bernardo Sandoval Córdova

Arauz y el correato

21 de febrero de 2021 00:00

Hace unos años, durante un viaje,  conversé con un sociólogo argentino, profesor universitario.  Él era un acérrimo crítico del gobierno de Cristina Fernández del que creía todo lo peor.  En efecto, me relataba, con pasión, cómo el matrimonio Kirchner- Fernández  se había convertido en opulento tras su paso por el poder local en la provincia de Santa Cruz y más tarde tras  su paso por el gobierno nacional.  Por entonces aún no se descubrían los escándalos de “los cuadernos de la corrupción”, de los contratos con Lázaro Báez, ni había sucedido la misteriosa y aún inexplicada  muerte del fiscal Alberto Nisman.  

La conversación se desarrolló cuando Mauricio Macri se perfilaba como candidato para enfrentar al kirchnerismo y mi interlocutor, sorprendentemente, me manifestó que él deseaba que gane el candidato oficialista sobre el derechista Macri. Era inentendible que quien se había expresado tan mal de Kirchner y su esposa Cristina Fernández desee el triunfo de  quien sea el oficialista.  “Mirá che”, me dijo.  “Macri tendrá que manejar un país quebrado y no tengo duda de que por más buen manejo, seguirá la miseria y la gente se le irá encima. 

Pasarán cuatro años  y los kirchneristas retomarán el poder”.  Él decía que la gente no medita sobre la causa de la crisis.  Si gana el oficialista,  decía, la miseria será cada vez peor por el populismo irresponsable y la gente odiará al kirchnerismo y todo lo que representa.  Para ser prácticos, afirmaba, es mejor que ganen los peronistas-kirchneristas para asegurar su hundimiento.

Ganó Macri y, en efecto,  a pesar de sus esfuerzos, no pudo enderezar la economía argentina, destrozada por el populismo  del matrimonio Kirchner-Fernández.  Ocurrió la predicción del sociólogo y  tras el gobierno de Macri, el populismo de izquierda retomó el poder, esta vez con Alberto  Fernández y Cristina Fernández.  Este binomio está conduciendo al otrora próspero y boyante país a un estado de postración económica sin precedente.

Si acaso Arauz gana las elecciones en Ecuador, la  abrumadora crisis económica resultante del dispendio y de la corrupción  del correato, agravada por el levantamiento indígena de octubre de 2019 y la pandemia de covid 19, haría que el gobierno de Arauz fracase estrepitosamente.  Correa, al ver los resultados, se desmarcaría del gobierno para procurar sostener su imagen.  Para entonces, será muy tarde y el correato habrá sucumbido.

Contrariamente a muchos que piensan que el destino del Ecuador sería el de Venezuela y que la revolución ciudadana se quedaría en el poder por décadas, yo pienso que los ecuatorianos somos más rebeldes, que nuestras Fuerzas Armadas no se venderían y que la eliminación de la dolarización y el aumento de la miseria no serían tolerados.  Si el fracaso de Arauz hunde al correísmo, es aceptable pasar el mal rato.

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